Van por todo: Los K por la mosca y los otros por la revolución socialista.

Está claro que el proyecto de los K es nada más que durar para seguir engrosando su fortuna personal. Disponer de los resortes y palancas de Balcarce 50 les asegurará una vida mejor aún, si cabe.

          

         Está claro también que su conocida y enfermiza pasión por el dinero los ha llevado  a cometer toda clase de tropelías; la más grande es, sin duda, la apropiación y retención de los fondos de Santa Cruz, el mayor escándalo político – financiero de nuestra historia.

          

        De allí la histérica reacción en cadena contra el hombrecito Lavagna, cuya aparición en el cielo de los K se transformó en una tormenta: nada debe perturbar la tranquilidad de la pareja y de su afanosa prosecución por aumentar el importe de sus cuentas. Ciegos como están, se enferman de sólo pensar que el ex-ministro los obligue al cimbronazo del balotaje, que abrirá – en el módico discurrir de los K- un rumbo en la línea de flotación.

       

        Pero que Lavagna salga a desfacer entuertos como el viejo y querido hidalgo manchego es una posibilidad remotísima: algo así como el sentido del honor en Bendini. A lo sumo, el hombrecito Lavagna servirá de ariete para que el “establishment” siga facturando; incluso vendiendo las sogas de las que sus miembros colgarán algún día. (Lenin dixit)

    

         Pero hay otro proyecto aún peor que el pergeñado por los K, al fin y al cabo meros accidentes para quienes van por todo y a fondo, es decir, de la ocupación del Estado y de la destrucción de las instituciones.

  

          Sus fautores son los antiguos guerrilleros deseosos de vengar su estrepitosa derrota militar y toda una cáfila de sociólogos, cientistas sociales, manipuladores genéticos, politólogos, psicólogos, etc., etc., formados en los cánones neomarxistas de Gramsci y la Escuela de Frankfurt y lanzados al estrellato gracias a los dólares con que están forrados (ver en Proyectiles: Mantenidos y Mantenidas)

 

            Los viejos guerrilleros ya han casi completado su tarea: poco o nada queda ya de las Fuerzas Armadas y de Seguridad.

 

            Los académicos no les quedan en zaga: ya han conseguido “sociologizar” a la misma Iglesia y el lenguaje del Cardenal Bergoglio y de Monseñor Casaretto es un buen ejemplo.

 

            Ahora arremeten con fuerza contra la familia tradicional. Después del divorcio vincular, hoy es el turno del “género” y de las “orientaciones sexuales diferentes”, construcciones absolutamente ideológicas sobre las cuales se pretende edificar “la nueva familia”. En este sentido no debe sorprender la rapidez con que se quiere implantar la educación sexual obligatoria y sancionar la ley que permite la mutilación de los cuerpos, mientras se menean los “derechos humanos” a troche y moche.

 

            Esta revolución de hondo resentimiento anticristiano y que cuenta con poderosos soportes mediáticos, parece imparable.

 

            Nuestro querido Tomás de Aquino afirmaba que el primer remedio para combatir las tiranías era la oración. Es tiempo de rezar, y rezar fuerte, para que algún criollo de ley acorte el tiempo de la desgracia.

 

            Señora de Luján: esclarece las inteligencias y fortifica la voluntad de los buenos para que sigan al pie del cañón.