La tristeza de mi Amigo el marino.

compartimos juntos casi toda la vida. nos conocimos en el primer grado escolar de un colegio religioso , allá por los cincuenta.

 

Supimos que “la razón de mi vida” era un libro de texto que debíamos conocer, recordamos el día que nuestros maestros y sacerdotes estaban asustados porque se quemaban iglesias y no pocas familias acogieron en sus casas a estos perseguidos sin saber, que también nosotros los éramos.

 

No terminada la década nos comprometimos con la acción católica, colaboramos en villas de emergencia y hasta pensamos en abrazar el sacerdocio.

 

Sin embargo en mi amigo se iba cimentando su vocación naval, quería ser oficial de marina. en su cabeza bullían aventuras y combates imaginarios y una gran certeza de servir a la patria.

 

No recuerdo si fue en sexto grado que su padre nos llevo al puerto a ver el nuevo rompehielos, mejor dicho el primero, el San Martín. volvimos en micro con banderas argentinas de papel que nos dieron sus tripulantes.

 

Así como la misa del domingo era un acto de fe y no faltábamos, el no faltaba a cuanto evento estuviera presente nuestra marina de guerra, desfiles, actos, visitas de la flota de mar a buenos aires.

 

En nuestros hogares se nos inculcaban valores de respeto al prójimo de caridad de ciudadanos honestos. hoy ambos los mantenemos, el hizo de ellos un culto. Un día me dijo sino no podré ser marino.

 

En quinto año me dio la noticia esperada - entro a la escuela naval militar en Rió Santiago -. Supo del sacrificio la soledad, pero con sus compañeros de marina creo un tejido social de contención, espíritu de aventura y servicio a la patria.

 

La vida nos mantuvo juntos, muchas veces sus penurias económicas nos separaron, viajar a buenos aires no le era fácil y por años no nos vimos.

 

Hablar con el era estar con un soñador, conoció los buques de vapor, navegó en buques oceanográficos, en transportes, en buque antárticos me hablaba del portaviones y unos aviones amarillos que creo se llamaban N.A.

 

En lo 70 conoció de cerca de “jòvenes idealistas”, algunos compañeros de cruzada de la acción católica, del colegio y de la armada misma, su primo murió victima de las balas de los idealistas.

 

El siguió siendo el mismo, su marina era la misma. Así el fin de la década lo encontró trabajando en el sur preparando un conflicto con chile. Así estuvo casi un año en tierra del fuego, las pocas veces que lo vi poco me podía decir.

 

1982 lo encontró en Malvinas, supo del frió, conoció a camaradas que murieron pero por sobre todo sufrió por el frió con que lo recibieron sus conciudadanos al regreso de la guerra.

 

En 1983 celebro el regreso de la democracia y la incorporación de nuevos medios a la armada que la encontrara a fin de esa década pujante y moderna. pero presupuestos exiguos hicieron que todo se fuera cayendo.

 

Charlar con él es siempre un placer anécdotas y aventuras fueron su vida, no exenta de peligros, siempre me cuenta algo que me alegra referido a su pasado naval.

 

Esta semana lo llamé, era el 17 de mayo, su día, el día de Nuestra Armada. donde se festejare él iba. Su voz sonaba triste, tan triste como cuando en el 2004 la bandera de una Unidad Naval fue reemplazada por una del Che Guevara.

 

El día había sido festejado en un buque en navegación, sin su comandante en jefe, y hubo una revista naval que nadie vio.

 

Mi amigo está triste como muchos de sus camaradas. sirven y han servido a su País y este parece no saber de sus ejemplos.

 

Hoy pintamos canas y cuidamos nietos. Ambos los míranos y pensamos lo mismo: - Que futuro les espera?