Catapulta

CATAPULTA

Artillero: Augusto Padilla
 

Numero 67 del 8 de Diciembre de 2007


Ave Cor Mariae

"Ad Jesum Per Mariam"

Inmaculada Concepción,
Patrona de las Españas y del Requeté

“Nadie traspase este umbral
que no jure que María
fue sin duda concebida
sin pecado original”

 

08/12/2007 - LA CRISIS DE LA IGLESIA

Llama poderosamente la atención que la prensa católica no haya destacado suficientemente las gravísimas afirmaciones de Monseñor Albert Malcolm Ranjith Patabendige, Secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, acerca de las actuales prácticas litúrgicas. Señalo también que la mayoría de los blogs católicos de “buena línea” parecen no haber prestado la suficiente atención a las declaraciones del prelado. (Pido disculpas a los amigos, por si me equivoco).

El texto italiano que recojo y traduzco es de la agencia Fides, con fecha 14 de noviembre de 2007:

La reforma posconciliar no es  negativa del todo; existen muchos aspectos positivos en su realización. Pero muchos cambios se introdujeron abusivamente, manteniéndose, aun a costa de los efectos nocivos que tienen sobre la fe y sobre la vida litúrgica de la Iglesia. Me refiero, por ejemplo, a la comunión en la mano, cambio que no fue propuesto ni por los Padres Conciliares ni por la Sacrosantum Concilium, y que ha contribuído, en cierto modo, a una creciente falta de fe en la Presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Esta praxis, y la abolición de las balaustradas de los presbiterios, de los reclinatorios, y la introducción de prácticas que obligan a los fieles a estar sentados o de pie durante la elevación del Santísimo Sacramento, reducen el genuino significado de la Eucaristía y el sentido de la profunda adoración que la Iglesia debe tener hacia el Señor, el Hijo Unigénito de Dios. Además, la iglesia que es casa de Dios, se usa en algunos lugares como un aula para encuentros fraternos ,conciertos o celebraciones interreligiosas. Hay iglesias donde el Santísimo Sacramento está como escondido y abandonado en capillitas casi invisibles, con pobrísimo decorado. Todo esto oscurece la fe de la Iglesia, en cuestión tan central como es la presencia real de Jesucristo.

Un error no menos serio es el de confundir los roles específicos del clero y de los laicos que convierten al presbiterio en un sitio de perturbación, donde hay demasiado movimiento. De esta forma, el cristiano se ve impedido de captar en toda su belleza y profundidad, el significado de la presencia y de la acción salvífica del Señor.

Las danzas, los instrumentos musicales y cantos que muy poco tiene de litúrgicos, no se corresponden con el ambiente sacro de la iglesia y de la liturgia. Y lo mismo digo de ciertas homilías político-sociales, malamente preparadas. Todo ello desnaturaliza la celebración de la Santa Misa, haciendo de ella una coreografía y una manifestación teatral, pero no de fe.

Como decimos los abogados, “a confesión de parte, relevo de prueba”. Sería pesada tarea de elaborar una lista de las iglesias en las cuales se registran los sacrílegos “experimentos” que denuncia Monseñor Ranjith Patabendige. Me basta decir, al pasar, que en las iglesias ocupadas por la Comunidad de San Egidio, esas “modas” son moneda corriente. (Lo pude comprobar en el barrio romano de Trastevere y en Nuestra Señora del Carmen, en la ciudad de Buenos Aires. Y no quiero olvidarme de la “teodanza” de la Parroquia de Santa Catalina de Siena, de mi pariente “Rafi” Braun Cantilo, a quien Dios perdone semejante afrenta).

Sé que finalmente las puertas del infierno no prevalecerán y me pregunto hasta cuándo el Altísimo permitirá la abominación del lugar santo.

Nota catapúltica: es opinión del Artillero que el Sumo Pontífice debe actuar sin más tardanza, para salvar lo poco que queda. ¿Conocerá S.S. Benedicto a Robert Hugh Benson y su Señor del mundo, donde se describe la agonía y el triunfo de la Santa Madre Iglesia?

 

08/12/2007 - DORREGO (A PROPÓSITO DEL ODIO JACOBINO).

Todos los 13 de diciembre me detengo a pensar en la muerte del Coronel Don Manuel Dorrego, fusilado inicuamente en el año 1828, por los unitarios que lo derrocaron, siendo Gobernador legítimo de la Provincia de Buenos Aires. Héroe de la independencia y de la guerra contra el Imperio brasilero, Dorrego fue la primera  gran víctima de nuestras guerras civiles. El responsable visible de su asesinato fue esa “espada sin cabeza” que se llamó Juan Lavalle, instigado por la siniestra camarilla jacobina integrada por Salvador María del Carril, Juan Cruz Varela y el cura  Julián Eusebio de Agüero.

Por cierto, ya la furia de los insensatos Moreno y Rivadavia se había cobrado las vidas de otros dos héroes  de la Patria: Santiago de Liniers y Martín de Álzaga, jefes de las épicas jornadas de 1806 y 1807, cuando hicimos la pata ancha frente al invasor inglés.

La huella de sangre y dolor que dejó Don Manuel Dorrego recorrió toda la historia nacional, porque el odio jacobino se quedó entre nosotros para siempre. Es el mismo que impulsó a Sarmiento a regocijarse del lanceamiento del “Chacho” Peñaloza; es el mismo que movió a los masones a poner la bomba en Plaza de Mayo en abril de 1953, sacando de quicio a Perón, quien desde el balcón de la Casa Rosada reclamó al pueblo “dar leña”, consigna que lo impulsó a seguir con sus locuras; es el mismo de los “gorilas” que en noviembre de 1955 voltearon al admirable Lonardi, dando rienda suelta a la política suicida del revanchismo, que culminó con los fusilamiento de 1956 (¡Ah! Si el General Aramburu hubiese tenido la magnanimidad de indultar a los condenados…)

Y ese odio ciego, ese innoble rencor, esa rabia que sólo puede germinar en almas inferiores, se exhibe hoy con una impudicia que hiere el corazón de todos los argentinos de bien. Se corporiza en la venganza montonera y erpiana contra los militares que derrotaron a “la soberbia armada”, la de quienes se consideraban iluminados e impunes. Su instrumento son jueces “tuertos” y miserables, auténtico escarnio de la república, que cuentan con la complicidad de jefes indignos de llevar uniforme. Para esos prevaricadores, las víctimas de la guerrilla no cuentan y allí está el dictamen del siniestro Righi que lo corrobora.

Pero el odio de raíz marxista-leninista que campea por sus fueros desde el 25 de mayo de 2003 no es puramente humano. Su fuerza inusitada obedece a que tiene algo de satánico, porque Satanás no se resigna fácilmente a que lo derroten.

Más allá de las brutalidades que pueda haber cometido la gente de “nuestro” bando, ellas se produjeron en el marco de una guerra desatada por las mismas fuerzas subversivas. Y es estúpido pretender que en una guerra no existan episodios aberrantes y pertenece a la prudencia de los gobernantes el otorgamiento del perdón.

No se puede pedir peras al olmo: Kapone y sus secuaces están enfermos; son inhábiles morales, seres desprovistos de humanidad, incapaces de amar al prójimo. A ellos los guía la codicia y para seguir con sus trapisondas, han permitido que se arme un circo para que los vencidos se ensañen con los vencedores. En definitiva, éstos no hicieron más que cumplir con la orden de Perón -ya arrepentido de su papel de aprendiz de brujo- de enero de 1974, después de la toma del Regimiento de Azul: hay que exterminar uno a uno a los psicópatas, para el bien de la República. Lástima grande que se escaparon algunos.

 
08/12/2007 - Discurso epidíctico.

Palabras pronunciadas por el Dr. Bernardino Montejano el 8 de noviembre del 2007, en el Club Belgrano, con motivo de las bodas de oro de los bachilleres del Colegio Manuel Belgrano, de los Hermanos Maristas, en nombre de la división “A”.

           Como escribió Saint-Exupéry: “La casa es pasta en el alba para transformarse en el atardecer en libro de recuerdos”. Y el Colegio fue, para mí, en esos tiempos dorados, por más que lo llamaran pomposamente “establecimiento”, una segunda casa.

           Ha pasado el tiempo, y aunque el tango afirma “que veinte años no es nada”, considero que cincuenta, es bastante.

           Hoy llega el momento del recuerdo. ¿Qué me dejó el Colegio? Desde el punto de vista de las ciencias particulares y de la filosofía, prácticamente nada.

Sin embargo, quiero rescatar dos cosas fundamentales que me dejó: el hábito de estudio y grandes ejemplos.

Ese hábito hace nacer la virtud de la estudiosidad, que supera los extremos viciosos de la curiosidad y de la negligencia.

Entre los grandes ejemplos quiero destacar dos, en primer lugar, el del Hermano Alberto Tessadri, muerto trágicamente en un accidente en plena juventud, cuando mucho se esperaba de él. El Hermano Alberto, noble y generoso, fue un maestro, pero también un hombre de acción, y un visionario que denunció al comunismo y a los males futuros de la Patria.

Y en segundo lugar, el de una figura muy querida: el Hermano. Odón, León Plot en la vida civil, Pepo, en un apodo que detestaba. Era francés, oriundo de Poitier, de la Francia provinciana y profunda, sede obispal de San Hilario en el siglo IV, luchador contra la herejía arriana y del Cardenal Luis Pie en el siglo XIX, batallador contra los errores del racionalismo, del naturalismo, del relativismo. Dos grandes figuras de una Nación que fue, en tiempos mejores, la hija primogénita de la Iglesia.

Había pues nacido en Poitier, donde, como le gustaba decir: “nunca llegaron los alemanes”. Porque era un patriota de la tierra y del cielo.

El Hermano Odón era un caballero; era un señor, no como esos “mon”, que hoy abundan, monseñores que no son señores; en él brillaron las virtudes naturales y sobrenaturales. Educaba antes que nada con el ejemplo haciendo realidad el antiguo proverbio: “la palabra debe recorrer un largo camino. Mucho más directo y eficaz es el ejemplo.

Ejemplos que nos daba en forma cotidiana. Hace un rato, me relataba un querido compañero, que en un momento y en forma arbitraria, se había decidido expulsarlo del Colegio. Era una injusticia, le confió el problema a su padre, y le hizo conocer la verdad de los hechos. Su padre concurrió al Colegio a defenderlo y quien entonces ejercía la dirección, sometió el asunto al arbitraje del Hermano Odón, quien después de pensar un rato emitió su veredicto: el alumno tiene razón, y como consecuencia de ello, pudo volver.

Porque al Hermano Odón no le interesaba quien ostentaba el poder, sino la verdad y la justicia. Era un ejemplo de dignidad. Este es el espejo en el cual deberían mirarse los maristas de hoy, en especial los que dirigen la Provincia, quienes actuando en forma cobarde ante presiones de politicastros, dejan de alquilar la Villa Marista al Círculo de formación San Bernardo de Claraval, con la oposición de dos hermanos, herederos de la dignidad, la hombría de bien y el coraje del hombre de Poitier: los hermanos Pastor, aquí presente, y Felipe.  Tal vez el vacío dejado por ese Centro de Estudios será ocupado por algún encuentro de gays o de lesbianas, que sin duda no suscitarán oposición alguna, por ser políticamente correctos. A esos hermanos, la solidaridad. A los que ejercen, como tantos otros en los ámbitos políticos y religiosos el poder sin honor, el desprecio.

¿Por qué no se preguntan esos directivos irresponsables acerca de las razones de la crisis de los maristas en este otoño posconciliar, que hizo descender en los últimos años sus efectivos de 9.000 a menos de 4.000? ¿Con actitudes genuflexas ante los poderes de turno, con el mercantilismo y los negocios, con la exhibición de lujosas construcciones, creen que van a atraer a alguien que quiera dedicar con votos su vida sólo a Cristo?

Somos sobrevivientes y debemos por ello, dar gracias a Dios, admirar la paciencia de Dios.

Y ahora un recuerdo a nuestros compañeros muertos, representados por dos de ellos que fueron muy próximos, que también constituyen paradigmas.

José María Wathelet, “Pepe”, murió muy joven. Nos fue arrebatado en una semana a los 33 años por una cruel enfermedad. Con él habíamos formado el Centro de Estudios de Belgrano, cuyo lema “orden, jerarquía, bien común”, señala tres cosas hoy en la Argentina ausentes.

Pepe cuando murió era de todos los vinculados con los quehaceres jurídicos, el que más sabía, el mejor formado y preparado. Profesor de Derecho Comercial, secretario de Tribunales, encargado de “Iustitia”, revista de la Corporación de Abogados Católicos, casado un año antes, con una hija pequeña, con un brillante porvenir. Entonces, fuimos golpeados por su muerte prematura.

Una semana después, destrozado, tuve que hablar en “El Laberinto”, y recordaba las palabras de Saint-Exupéry a la muerte de Henri Guillaumet, su entrañable amigo: “Guillaumet no estará más presente, pero jamás estará ausente”, porque los muertos adquieren una misteriosa presencia.

José María Wathelet, querido Pepe, amigo y camarada, compañero de mis silencios, hoy no estás ausente.

El segundo es Luis Agustín Barberis, la “Mona”, mi compadre, muerto hace pocos años, después de luchar una década contra un presunto “virus” que un día lo dejó casi ciego y paralítico de la barriga para abajo.

Luis, hombre culto como pocos, era padre solícito de una familia numerosa, ingeniero agrónomo, medalla de oro de la Universidad de Buenos Aires; era el mejor de los salidos de nuestro curso y estaba en la cúspide de su carrera docente y  profesional.

Había participado del grupo “Recova”, había luchado con Pepe, conmigo y con otros amigos en nuestros años juveniles, en esa falange reunida en torno a la figura del Arcángel San Miguel sobre la ciudad, magnífico dibujo de Ballester Peña, que simbolizaba la presencia de lo cristiano en lo temporal. Un tiempo antes de su enfermedad, juntos participamos en el symposio “La conservación”, coordinado por Patricio Randle; él con un magnífico estudio: “La conservación del suelo”.

Pero todavía nos daría su última lección: como se sufre cuando el sufrimiento se hace ofrenda, cántico y plegaria, y como se muere. Nunca, en esos diez años le escuché una queja. No preguntaba ¿por qué?; preguntaba ¿para qué sufro?

Y aquí, en estos tiempos de ginecocracia, en los cuales parece que quieren hacernos optar entre una gorda desagradable, verbosa e insustancial, que le agregaría una cuota de lipidocracia y una “vieja disfrazaba de pebeta”, como canta el tango, que sabe como agravar los males que padecemos, voy a presentar la figura contrapuesta de una gran mujer, que había sido muy rica, que no conocía el colectivo ni el subte, sino auto con chofer y avión, y que desde el día en que su marido se enferma se transforma en un ángel: hablo de Lucía Barberis, de Lucita Stein.

Diez años de acompañamiento, diez años de amor y de fidelidad, diez años de tenues sonrisas, de solicitud y de cuidados exquisitos, de tratamientos médicos y kinesiológicos, pero también diez años de oración.

Diez años de ejemplo para todos de cómo se vive con dignidad la desgracia; en los últimos, la estrechez; de cómo enfrentar como cristianos el dolor, la enfermedad y la muerte. Pero esto fue obra de los dos, de Luis y de Lucita.

Querido Luis, “Mona” Barberis, compañero, amigo y camarada, tampoco hoy estás ausente.

Como cristianos, tenemos la esperanza, más allá de la frontera, de que un día, los volveremos a ver; porque la “niña esperanza” al decir de Péguy, la menor de las virtudes teologales,  arrastra con su fuerza a sus dos hermanas mayores, la fe y la caridad.

Por eso, como nos enseña San Agustín, esperamos volverlos a ver, pero no esperando la muerte, sino transfigurados y felices, avanzando por los senderos de la luz y de la vida, bebiendo a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás 

Nota catapúltica: El Artillero y sus compañeros de la División B, juntamente con los caballeros de la A, festejaron también el cincuentenario de su egreso de bachilleres, con libérrima canilla. Respecto a lo que afirma el querido Dr. Montejano sobre las ciencias particulares y la filosofía, debo señalar que yo fui más afortunado, por tener a los HH. Fabriciano en Religión y Geografía y al Basilio en Literatura. El “Fabri” fue el primero que me habló de Santo Tomás, y el “Pitín” (Basilio) me suscitó el gusto por los clásicos castellano. (El primer libro del Doctor Común que compré estaba editado por Poblet.) Y agradezco también las clases del H. Ernesto -arbitrario árbitro de fútbol y rugby- quien usaba el texto de Historia Argentina del Padre Paesa S.D.B. cuya lectura me puso en alerta acerca de las mentiras de la líneas Mayo-Caseros. Desde aquellos lejanos años, tengo a Don Juan Manuel de Rosas como santo de mi devoción.

 

08/12/2007- ECUMENISMO: LA DANZA DE LOS DERVICHES EN UNA IGLESIA DE VIENA

Fuenta: cath.con.blogspot.com)

 

Proyectiles

ADEFESIO 1

María de Nazaret, esposa prematura
de José el carpintero,
aldeana de una colonia siempre sospechosa,
campesina anónima de un valle del Pirineo,
rezadora sobresaltada de la Lituania prohibida,
indiecita masacrada en el Quiche,
favelada de Río de Janeiro,
negra segregada en el Apartheid,
harjan de la India,
gitanilla del mundo;
obrera sin cualificación,
madre soltera, monjita de clausura;
niña, novia, madre, viuda, mujer…
María nuestra del Magnificat,
Queremos cantar contigo,
¡ María de nuestra liberación!

“Esto”es un poema del obispo “terceromundista” Pedro Casaldáliga, un español mal nacido que  tuvo la pésima idea de recalar en el Brasil, donde siguió los extraviados pasos de su maestro Helder Cámara. Como podrá apreciar el paciente lector, el esperpento es una mezcla de sacrilegio y cursilería, producto de una mente aviesa y ramplona.

Salga entonces una cerrada descarga contra el extraviado Pedro, a quien yo tenía por difunto, en buena hora. Pero me revuelve el saber que está vivito y coleando. Y lo peor de todo, escribiendo. ¿Porqué, Señor, no apuras su tránsito, así nos ahorramos la lectura de sus engendros?

(Adital.com)

 

ADEFESIO 2

En mi escritorio hay una fotografía de la Tierra, tomada en un viaje interplanetario. Me la regaló el astrónomo Lovell. Tiene una gran nitidez y me recuerda que tenemos necesidad de dos cosas: la visión neta de los problemas locales y la inserción de estos problemas en una visión planetaria. Estoy convencido de que es la única manera de ver el futuro real.

“Esto” es el pensamiento de uno de los individuos más dañinos del siglo XX. Se trata de Pedro Arrupe, un vasco renegado que hizo de la Compañía de Jesús una organización subversiva de vastos alcances. Más de un jesuita anduvo con la “metra” en la mano, formando parte de bandas asesinas. Algunos “perdieron”, aunque sus cómplices los siguen presentando como “apóstoles de la liberación”.

El texto de Arrupe tiene definido sabor panteísta y lo copié del sitio de la provincia de Francia. Espero que se haya arrepentido de este dislate y de los otros más grandes que se mandó.

www.jesuites.com
 

MARCOS PADILLA

Taller "Ora Et Labora"

Platero

Discípulo de Ma. Cristina Pallarols
 
www.marcos-padilla.com.ar
Aclaraciones: Como habrán notado hemos remarcado en color rojo como referencia a la foto incluida, de esta forma identificaran a quien ilustra nuestros comentarios. Aprovecho para saludarlos cordialmente, El Artillero.

AVISO: RECORDAMOS QUE CATAPULTA NO LIMITA EL ACCESO Y SI NO ESTAMOS EN PANTALLA ES PORQUE FUIMOS ATACADOS NUEVAMENTE.

DESASTRES DE LA UCA

1 - OTRO PAPELÓN : ¿Y LAS BECAS EDUARDO BRAUN MENENDEZ?

Desaparecieron las Becas Eduardo Braun Menéndez de la página de la Facultad de Ciencias Médicas. Después que su rumboso decano, el “Profesor Doctor” (no se encuentra la tesis en el CV) Carlos Benjamín Alvarez, se gastó $150.000 en avisos en Clarín y La Nación, pretendiendo engatusar incautos  con el nombre del prestigioso investigador y médico. El efecto publicitario era perfecto, se asociaba la figura señera de Braun Menéndez, un visionario de lo que debía ser la universidad, con la aventura universitaria de Alvarez. Pero la maniobra se frustró porque la familia con razón protestó.

En realidad, por el talante científico del decano y sus colaboradores, y el plan universitario ofrecido por la nueva carrera, las becas deberían llamarse Dr. Ginés Gonzalez García, o tal vez más apropiado,  Eduardo Lorenzo Borocotó, prohombre de la “política sanitaria argentina”.

2 - ¡AL FIN SE FUE!: JUAN CARLOS FUE DADO DE BAJA SOTTO VOCE

Catapulta fue el único medio católico, que protestó por el hecho de que el notorio degenerado Juan Carlos seguía figurando como integrante de la Comisión Episcopal para la Universidad. Nada de juicio sumario, prohibiciones, informe a los obispos, y envío a Roma de todos los antecedentes. No, aquí sólo carta muy comprensiva de sus “hermanos”, y respuesta del meticuloso publicada en Página 12, donde decía que no se arrepentía de nada y que todos lo sabían.

No hablamos del rey de España off course, sino del repugnante Juan Carlos Maccarone, ex obispo de Santiago del Estero y protegido de Judas B.

Por suerte el Papa lo echó. Como lo rajaron sin explicar nada, esto alienta la posibilidad de que rajen también al fútil e inútil glotón. (Ver número 3)

3 - MANDUCÁTE ET BÍBITE

El señor Zecca viajó por enésima vez en el año. Esta vez se largó hasta Roma, acompañado por el Secretario Académico Laferriere, joven de costumbres sanas y austeras. Según la Quinta Columna, Laferriere quedó bastante escandalizado ante los desbordes pantagruélicos de Zecca. Asombrado, el muchachito veía trasegar por la rectoral garganta, litros y litros de Chianti Putto, Frascati, Soave Bolla, Strega, Sambuca, etc. etc. No se echo atrás Zecca en cuanto a lo sólido, atiborrándose de pasta asciutta, sin dejar de atender a suculentos risottos, al pesce y a la bistecca. Esta es vida y no la mía, habrá pensado el pobre Laferriere, que se alimenta módicamente y bebe no más de una copichuela.

Consecuencias: el señor Zecca llegó hecho cisco y se tuvo que internar en el sanatorio adventista (¡¡) de Puiggari, Entre Ríos, para reparar los excesos cometidos. Naturalmente, tanto el viaje, el manduque, el beberaje y la internación, fueron solventados por las cada vez más exhaustas arcas de la Universidad.

Quosque tandem, inutilis et supervacuus, abutere patientia nostra?

info@catapulta.com.ar