Catapulta

CATAPULTA

Artillero: Augusto Padilla
 


Número especial ENERO 2009
 

Libro de 266 páginas - Precio: $ 39.- más gastos de envío.
Pedidos a edicionesespuela@gmail.com - info@catapulta.com.ar

 

CATAPULTA REAPARECERÁ EN LA ÚLTIMA SEMANA DE ENERO, CON UN NUEVO FORMATO QUE PERMITIRÁ UNA MAYOR FRECUENCIA EN LAS APARICIONES Y UNA MEJOR DISTRIBUCIÓN DE LA INFORMACIÓN.

MIENTRAS TANTO, DEJAMOS UNA SELECCIÓN DE LO PUBLICADO EN 2007-2008.

SERÁ ENTONCES HASTA LA VUELTA, SI DIOS QUIERE.

 
10/11/2007 - ENTREVISTA CON ALICE VON HILDEBRAND
 

Aclaración del Artillero: Monseñor Albert Malcolm Ranjith, Secretario de la Congregación para el Culto Divino, acaba de reconocer que existe una crisis de obediencia en la Iglesia, manifestada abiertamente después de la publicación del Motu Propio sobre la Misa tradicional. (korazym.org.,17/11/07). Por eso el Artillero considera conveniente reproducir en su integridad la entrevista concedida por la Dra. Alice Von Hildebrand a The Latin Mass en 2001, (tomada de Christian Order en marzo de 2007) que se publicó en los tres números anteriores. También lo hace a pedido de varios lectores, a fin de facilitar la mejor comprensión de sus gravísimas afirmaciones, especialmente las relacionadas con el “carácter herético” de algunas declaraciones del Vaticano II. Bienvenido sea el paso que significó el Motu Propio, que encontrará adecuado correlato únicamente en la discusión teológica sobre algunos textos conciliares. (v.g. Dignitatis humanae, Nostra aetate y Unitatis redintegratio)

TLM: ¿Cuándo comenzó Ud. a percibir que algo andaba mal en la Iglesia?
“En Febrero de 1965 estábamos con mi marido en Florencia, aprovechando el año sabático. Dietrich estaba leyendo un libro y de pronto lo escuché sollozar. Como tenía problemas cardíacos, pensé que algo andaba mal y corrí para ver qué pasaba. Lo encontré con los ojos llorosos y con una revista en la mano. Le pregunté que pasaba y me dijo que acababa de leer un artículo que para él era prueba de que el diablo había entrado en la Iglesia. Debo decir que mi marido ya se había dado cuenta, muchos años atrás, de que se estaba perdiendo el sentido de lo sobrenatural, pero que la belleza y la sacralidad de la liturgia tridentina habían ocultado el fenómeno. por lo menos hasta el Concilio.

Además, tenía en claro que después de la condenación de San Pío X, los modernistas habían pasado a la clandestinidad, adoptando técnicas mucho más sutiles de infiltración. Sobre este asunto, escribió The Devastated Vineyard, (La Viña devastada), señalando que el Vaticano II había sido como un huracán para la Iglesia.(1)

Con la pérdida del sentido de lo sobrenatural, también se perdió la necesidad del sacrificio El Vaticano II provocó que muchos obispos y sacerdotes dijeran que la Iglesia tenía que adaptarse al mundo. Grandes Papas como San Pío X afirmaban exactamente lo contrario: el mundo debía adaptarse a la Iglesia.

TLM: ¿Entonces Ud. cree que la acelerada pérdida del sentido de lo sobrenatural no es un accidente en la historia?
De ninguna manera y mi marido opinaba igual que yo: en la Iglesia se había verificado, durante la mayor parte del siglo XX, una infiltración sistemática de los enemigos diabólicos. El era optimista por naturaleza, pero durante los últimos años de su vida, a veces la tristeza lo consumía: “Han destruido la Santa Esposa de Cristo”,solía repetir, refiriéndose a “la abominación del lugar santo”, de que habla el profeta Daniel.

El Papa Pío XII lo denominaba a su marido como el Doctor de la Iglesia en el siglo XX. Con ese título ¿no podía tener acceso al Papa Pablo VI para expresarle sus temores?
Fue lo que hizo. Nunca olvidaré la audiencia privada que tuvimos con Pablo VI, el 21 de junio de 1965, poco antes de que terminase el Concilio. El Papa nos recibió de pie y en cuanto mi marido empezó a suplicarle que condenase las herejías que desembozadamente se manifestaban, lo interrumpió bruscamente, diciéndole “¡Escríbalo, escríbalo!”. Pocos momentos después, mi marido, por segunda vez, le insistió sobre la gravedad de la situación, recibiendo la misma respuesta. El Papa estaba sumamente incómodo y pocos minutos después hizo un gesto a su secretario, el P.Capovilla, para que nos trajese rosarios y medallas, señal de que la audiencia había finalizado.

Cunado volvimos a Florencia, mi marido escribió un largo documento -aún no publicado- que fue entregado a Pablo VI en septiembre de 1965, el día anterior a la última sesión del Concilio. Releyéndolo cuidadosamente, le dijo a su sobrino Dieter Settler, entonces embajador alemán ante la Santa Sede, que el documento era “un poco duro”. Razón no le faltaba: había pedido una clara y completa condenación de todas las declaraciones conciliares heréticas.

TLM: ¿Supongo que Ud. se dará cuenta, de que al hablar de infiltración, muchos pondrán los ojos en blanco, exasperados, diciendo ¡No queremos oír hablar de conspiraciones!
Yo solamente puedo hablarle de lo que conozco. Es de público conocimiento, for ejemplo, que Bella Dodd, la ex comunista reconvertida al catolicismo, se refirió expresamente a la infiltración comunista en los Seminarios. Ella nos contó que cuando era miembro activo del Partido, tenía frecuentes contactos con no menos de cuatro cardenales que trabajaban para el comunismo.**

Muchas veces escuché decir en los EE.UU. que “los europeos olíamos conspiraciones en todas partes”. Pero desde el principio, el Maligno ha conspirado contra la Iglesia, tratando de destruir la Misa y de socavar la creencia en la Presencia Real de Nuestro Señor en la Eucaristía. Este es un hecho innegable y absolutamente real.

Por otra parte, como europea que soy, tentada estoy de decir que muchos estadounidenses son ingenuos y como no saben mucho de historia, suelen ser prisioneros de la ilusión. Rousseau tuvo mucha influencia en este país. Cuando en la Última Cena Nuestro Señor les dijo a sus apóstoles que uno de ellos lo traicionaría, se quedaron desconcertados. Judas había hecho su juego tan arteramente que nadie sospechaba de él. Un conspirador astuto y avezado sabe como ocultar sus propósitos, dando muestras exteriores de ortodoxia.

*La Doctora Alice Jourdain (Bruselas 1923- ) fue alumna y luego esposa de Dietrich von Hildebrand (1899-1977),uno de los mayores pensadores católicos del siglo pasado, autor de textos fundamentales como Etica cristiana, Santidad y eficacia en el mundo y El corazón (un análisis de la afectividad humana y divina) y dos muy importantes sobre el modernismo: El caballo de Troya en la Iglesia de Dios y la ya mencionada The Devastated Vineyard, esta última nunca editada en castellano. El matrimonio escribió juntamente varias obras, entre ellas una admirable: El arte de vivir. El reportaje fue publicado en The Latin Mass Magazine (Verano de 2001) y reproducido en Marzo de 2007 por Christian Order.

** Bella Dodd (1904-1964), nacida en Italia, se llamaba María Asunta Isabella Visono. Abogada, fue una de las principales dirigentes del Partido Comunista de los EE.UU., del cual fue expulsada en 1949. Se reconvirtió al catolicismo en 1951 y luego escribió School of Darkness.

TLM: Antes de que yo comenzase con mis preguntas, Ud. me habló de dos libros muy importantes. ¿Esas obras tenían documentación probatoria de la infiltración comunista en la Iglesia?
Los libros que le mencioné aparecieron en 1998 y en 2000, y fueron escritos por el Padre Luigi Villa, de la diócesis de Brescia, quien, por expreso pedido del Padre Pío había dedicado muchos años de su vida a investigar la posible infiltración de masones y comunistas en la Iglesia. Mi marido y yo lo conocimos al Padre Villa en los años 60.El insistía que ninguna afirmación suya carecía de fundamentos. Cuando apareció ¿Pablo VI, Beato? Lo envió a cada uno de los obispos italianos. Ninguno acusó recibo ni refutó nada de lo que se decía.

En ese libro el Padre Villa se refiere a las desobediencias de Monseñor Montini ,entonces Subsecretario de Estado, respecto a las directivas de Pío XII, que tenía clara conciencia de la amenaza comunista y  había prohibido que los funcionarios del Vaticano anduviesen en tratos con Moscú. Para su consternación, se enteró a través del Obispo de Upsala (Suecia)que sus órdenes estrictas no habían sido acatadas. Al principio, se resistía a creerlo ,hasta que le llevaron pruebas concluyentes de que Montini mantenía frecuentes contactos con los soviéticos.

Entretanto, Pio XII, siguiendo la conducta de Pío XI, había enviado clandestinamente a sacerdotes para que reconfortasen a los católicos que vivían tras la Cortina de Hierro. Esos sacerdotes fueron sistemáticamente detenidos, torturados y asesinados. A otros los mandaron a los gulags. Fortuitamente se descubrió que en el Vaticano había un topo: se trataba del jesuita Alighiero Tondi, un estrecho consejero de Montini. Tondi era un agente de Stalin y su misión era mantenerlo informado acerca de los sacerdotes que eran enviados a la Unión Soviética.

TLM: Pero Ud. debe agregar a esto el pésimo trato que Pablo VI le dispensó al Cardenal Mindszenty, quien no quería dejar salir de Hungría, después de la revuelta de 1956.El Papa le mandó abandonar Budapest, pero el Cardenal se refugió en la embajada de los EE.UU. El Papa le había solemnemente prometido que conservaría el Primado de Hungría hasta su muerte. Cuando el Cardenal, que había sido torturado por los comunistas, llegó a Roma, Pablo VI lo abrazó cálidamente, pero acto seguido lo hizo marchar a Viena. Al poco tiempo, el Cardenal fue depuesto y se nombró en su lugar a otro, que contaba con el beneplácito del Partido Comunista húngaro. Cuando el Cardenal murió ningún representante de la Iglesia concurrió al funeral, con enorme tristeza de los fieles.

Más tarde, el Padre Villa recibió otra prueba de la infiltración, suministrada por el entonces Arzobispo (luego Cardenal) Gagnon, a quien Pablo VI le había encomendado una investigación sobre la infiltración dentro de la Iglesia.

El Cardenal armó un voluminoso dossier, con muchos datos preocupantes y pidió audiencia con el Pontífice para entregárselo en mano, petición que le fue denegada. El Papa le hizo llegar un aviso de que el documento estaría depositado en las oficinas de la Congregación para el Clero, bajo doble llave. Pero al día siguiente la cerradura fue violada y el dossier desapareció. El asunto se trató de tapar, pero la prensa se enteró del robo. Monseñor Gagnon, que se había guardado una copia, solicitó una audiencia privada con Pablo VI, pero no se la concedió.

TLM: Entonces decidió volverse al Canadá. Más tarde, Juan Pablo II lo hizo venir a Roma y le otorgó el capelo.

TLM: ¿Por qué el Padre Villa escribió esos libros criticando a Pablo VI?
Debo decirle que el Padre era reticente en cuanto a su publicación. Pero cuando varios obispos impulsaron la beatificación de Pablo VI, se decidió a imprimirlos. En definitiva, lo que hizo fue nada más que seguir las instrucciones de la Curia, acerca de que cualquier hecho negativo respecto de los candidatos a la beatificación debía ser entregado a la Congregación respectiva.

Teniendo en cuenta el tumultuoso pontificado de Pablo VI, y las confusas señales que había dado, refiriéndose a que el “el humo de Satanás había entrado en la Iglesia”,pero negándose a condenar oficialmente las herejías; la encíclica Humanae Vitae -honra de su pontificad - aunque eludió su proclamación ex cátedra; la promulgación del Credo del Pueblo de Dios en  1968, pero sin ordenar su carácter obligatorio para todos los católicos; su desobediencia a las órdenes de Pío XII sobre no mantener contacto alguno con Moscú y su política de apaciguamiento con el gobierno de Hungría, renegando de la solemne promesa hecha al Cardenal Mindszenty; su desconsideración hacia la persona del bendito Cardenal Slipyj, que había pasado 17 años en el gulag y finalmente su actitud con el Cardenal Gagnon. En fin, todo esto hablaba contra la beatificación de Pablo VI y el libro del Padre Villa finalmente apareció con el titulo de Paolo Sesto, Mesto (Pablo Sexto, el amargo).

Pero el Padre pagó un precio muy duro por  sus dos libros, ocasionándole enormes aflicciones. Es que el común de los católicos tiene veneración ilimitada por el Pontífice. Pero Nuestro Señor nunca prometió que tendríamos Papas perfectos. Lo que sí prometió es que las puertas del infierno no prevalecerían. No olvidemos que, a pesar de que hubo Papas malísimos, y algunos muy mediocres, la Iglesia fue bendecida con grandes Pontífices. Ocho de ellos fueron canonizados y varios beatificados, historia triunfal que no tiene parangón con lo que sucedió en el plano secular.

TLM: ¿Entonces Ud. tiene un juicio negativo sobre el pontificado de Pablo VI?

Sólo Dios puede juzgar a Pablo VI. Pero no puede negarse que su pontificado fue complicado y trágico. Bajo su gobierno fueron introducidos muchísimos más cambios en quince años, que durante todos los siglos anteriores. Por cierto que es sumamente intranquilizador leer los testimonios de ex comunistas como Bella Dodd y estudiar los documentos masónicos del siglo XIX, y también por ejemplo, conocer las actividades de personajes como el cura apóstata Paul Roca (1). Allí se puede apreciar en toda su amplitud cómo se cumplieron los objetivos de las logias: el éxodo de sacerdotes y monjas después del Vaticano II,la aparición de una corriente  teológica con graves errores  nunca censurados, el feminismo, la presión para que se abandone el celibato, la inmoralidad en los clérigos, las liturgias blasfemas.

Y desde luego están los tremendos y radicales cambios hechos en la sacra liturgia, junto con un ecumenismo absolutamente falaz.

Nadie más que un ciego puede negar que los planes del Enemigo se cumplieran. Muchos se sorprendieron por lo que hizo Hitler, aunque no mi marido, que había leído concienzudamente “Mein Kampf”. Pero los dirigentes prefirieron no creer…

Pero por más grave que sea la situación, ningún católico fiel debe olvidar que Nuestro Señor prometió permanecer junto con su Iglesia hasta el fin de los tiempos. No viene mal una pequeña meditación sobre el relato evangélico, cuando Cristo dormía, mientras la barca de los Apóstoles zozobraba, en medio de una feroz tormenta. Aterrorizados los despertaron y Él les reprochó: ”¿Por qué teméis, hombres de poca fe?” e hizo que la tempestad cesase de inmediato.

TLM: Me doy cuenta por sus referencias sobre el ecumenismo que a Ud. no le cae nada bien la actitud de “convergencia” con otras religiones. Antes la Iglesia tenía la misión de convertir…

Le cuento algo que le causó enorme tristeza a mi marido .En 1946, enseñando en Fordham, se presentó en una de sus clases, un estudiante judío que había servido en la Armada durante la guerra. Al terminar la exposición lo  abordó a Dietrich para decirle que él había vivido una singular experiencia en el Pacífico, contemplando una bellísima puesta de sol. Ese espectáculo lo llevó a preguntarse sobre Dios. El muchacho venía de Columbia, donde no encontró la respuesta a su inquietud.

Pero un amigo le habló de Fordham y del profesor Dietrich von Hildebrand, a cuyas clases empezó a concurrir regularmente. Al finalizar una de ellas, salieron a caminar juntos y durante el paseo le contó a Dietrich que muchos profesores, al enterarse de que era judío, le aseguraron que no tratarían de convertirlo. Mi marido, estupefacto, detuvo la marcha y le preguntó:”¿Qué le dijeron?”. Al repetirle la anécdota, Dietrich le aseguró que “iría hasta el fin del mundo, con tal de que Ud.se haga católico”. Al poco tiempo, el estudiante judío se convirtió e ingresó a la Cartuja, ordenándose luego de sacerdote.

TLM: Ud. pasó muchos años enseñando en Hunter College.

Así es y  le podría hablar de las numerosas estudiantes que se convirtieron, atraídos por la Verdad. Pero no fui yo quien lo hizo: simplemente recé para ser un instrumento de Dios y para que Él me ayudase a vivir según el Evangelio. Eso únicamente se obtiene con la gracia de Dios.

Lamentablemente, algunos católicos que se dicen tradicionalistas, creen que la Verdad es una posesión personal y no un don de Dios. Semejante actitud los puede conducir al fanatismo. La Fe no es un juguete intelectual ni tampoco una partida de ajedrez. Deberían procurar cambiar de postura, sobre todo si defienden la Misa tradicional. Lo que todos debemos intentar es tratar de ser santos.

TLM: Entonces, ¿Ud. cree que esa es la única solución para remediar la crisis de la Iglesia?

No olvidemos que estamos luchando no sólo contra la sangre y la carne, sino también contra “Potestades y Principados”. Esto debería servir para causarnos temor y hacernos redoblar el esfuerzo para ser santos, y rezar para que la Esposa de Cristo salga de esta crisis espantosa más radiante que nunca.

La respuesta católica es siempre la misma: fidelidad absoluta a las enseñanzas de las Iglesia y a la Santa Sede, recepción frecuente de los Sacramentos, rezo del Rosario, lectura espiritual diaria y agradecer el que hayamos recibido la plenitud de la Revelación. “Gaudete, iterum dico vobis, Gaudete”.

TLM: No quiero terminar la entrevista sin conocer su opinión sobre la Misa en latín. ¿Sería su restablecimiento una solución para la crisis?

El diablo odia la misa tradicional, y la odia porque es la más perfecta reformulación de todas las enseñanzas de la Iglesia. Y sobre esto Dietrich me dio la clave. Porque, mucho antes del Concilio, los sacerdotes que la rezaban ya habían perdido el sentido de lo sobrenatural y trascendente. La recitaban rapidísimo, casi murmurando y sin articular bien las palabras, señal de que intentaban introducir en la Misa su propia secularización (2). La misa tradicional no permitía irreverencia alguna y por eso muchos malos sacerdotes se alegraron cuando se la dejó de celebrar.

(Christian Order, marzo de 2007)

Notas catapúltica: 1 - Paul Roca (1830-1893).Nacido en Francia, se ordenó sacerdote en 1858 y comenzó a vincularse con círculos gnósticos  y esotéricos. Pese a la suspensión de Roma, siguió presentándose como si aun fuese miembro de la Iglesia, anunciando el advenimiento de una “divina sinarquía”, bajo la autoridad de un Papa convertido al “cristianismo científico y socialista”. (Cfr. La masonería dentro de la Iglesia, Cruz y Fierro Editores, Buenos Aires, 1968, pp.39-59. El prólogo es de Julio Meinvielle). 2 - Dietrich von Hildebrand ya había detectado ese espíritu de secularización, que lo llevó a publicar en 1953 The New Tower of Babel, obra nunca traducida  al castellano.

 

01/12/2007 - SOBRE EL HOMBRE FRENÉTICO (un texto de O. F. Bollnow)

¿Cuándo se encuentre un hombre en un estado tal que haya que meterle en razón?. Al hombre que está en tal estado suele llamársele furioso o frenético. Es el hombre que, dominado por sus afectos y mero juguete de los poderes irracionales, ha perdido toda mesura. La ira, la rabia, la terquedad, y también el orgullo desmedido y la insolente y desaforada presunción son formas de ese frenesí. A todas ellas les es común el sinsentido destructor de su acción.

Con tales hombres no se puede hablar. No escucha la voz de la razón que, desde otros hombres, grita a su oído. Todos los intentos de apaciguarlos no consiguen más que aguijonearlos. Toda advertencia les da de lado. Y esto es quizá el rasgo más característico: el impedimento de todo contacto con el entorno. El frenético ha perdido su relación natural con su entorno. Se ha aislado y está como encerrado en la voluntaria soledad de su afecto. Se aferra tercamente a su opinión, a su propósito, etc. aunque haya visto hace tiempo su sinsentido. El irrazonable es testarudo y esta testarudez, separación del sentido universal y abarcador, es también expresión de pérdida de contacto con el entorno.

Nota catapúltica: El filósofo alemán Otto Friedrich Bollnow (1903-1991), es autor de una vasta y sugerente obra. La cita corresponde a Esencia y cambios de las virtudes, Revista de Occidente, Madrid, 1960, pp.180-181. Parece como si el Dr. Bollnow hubiese conocido a los dos K…

 

05/01/2008 - SOBRE EL ROCK

…la música rock apela solamente al deseo sexual…no al amor, no al eros, sino al deseo sexual rudimentario y sin cultivar. Identifica las primeras emanaciones de la emergente sensualidad de los niños, y se dirige a ellas seriamente, estimulándolas y legitimándolas, no como pequeños capullos que sea preciso cuidar esmeradamente para que se conviertan en esplendorosas flores, sino como si fueran ya lo definitivo. El rock da en bandeja de plata a los niños, con toda la autoridad pública de la industria del espectáculo, todo lo que sus padres solían decirles que debían esperar hasta que fuesen mayores y comprendiesen para obtenerlo.

Los jóvenes saben que el rock tiene el ritmo de la cópula sexual. Por eso es que el Bolero de Ravel es la única pieza de música clásica que generalmente conocen y que les gusta. En alianza con algún arte auténtico y con mucho seudoarte, una industria enorme cultiva la afición al estado orgiástico de sensaciones relacionadas con el sexo, suministrando un constante torrente de nuevo material para apetitos voraces. Jamás hubo una forma artística dirigida tan exclusivamente a los niños.

Contribuyendo a la excitación y al compás de la música catártica, las letras de las canciones celebran el amor romántico, así como atracciones polimorfas de diverso tipo, y las fortalecen contra el ridículo y la vergüenza tradicionales. Las palabras describen implícita y explícitamente actos corporales que satisfacen el deseo sexual -y los tratan como su única culminación natural y rutinaria- a niños que aún no tienen la más mínima idea del amor, el matrimonio o la familia. Esto ejerce un efecto mucho más poderoso que la pornografía sobre los jóvenes, que no necesitan ver a otros hacer obscenamente lo que tan fácilmente pueden ellos hacer por sí mismos. El voyeurismo es para viejos pervertidos; las relaciones sexuales activas son para los jóvenes. Todo lo que necesitan es estímulo.

(Allan Bloom: El cierre de la mente moderna, Plaza & Janes Editores S.A., Barcelona 1989, pp.75-76)

 

19/01/2008 - UN TEXTO DE ROBERTO DE Laferrère: DEFECTO DE CULTURA FILOSÓFICA Y DESORDEN INTELECTUAL

Nuestros filósofos políticos, cuyo pensamiento presidió la formación de nuestra nacionalidad, confundieron en todo tiempo progreso con sustitución. Ese error, de origen intelectual, que está en la raíz del liberalismo filosófico, incapaz siempre de distinguir la substancia de sus cualidades, ha sido funesto para el desarrollo de la personalidad nacional, condenándola a no desarrollarse, precisamente, y a dispersarse en la nada.

La noción de progreso es inseparable de la de perfeccionamiento. Sólo progresa lo que se perfecciona en el sentido de lo que ya es. No se concibe un progreso que opere en el vacío, en la nada o en lo inestable por naturaleza propia; no se concibe el progreso sin una substancia perdurable que sea su materia de operación. Su trasmutación es, precisamente, lo contrario: es la conversión de una cosa en otra distinta.

Rivadavia, Alberdi y Sarmiento, los tres ases de la mentalidad política argentina, maestros de cien discípulos que fueron caudillos y gobernantes, no se propusieron nunca el progreso del pueblo argentino, sino lo contrario: su transformación en otro pueblo distinto que, desde luego, no habría de ser español ,ni hispano, ni latino, ni nada concreto o verdadero, con tradiciones ,costumbres, ideales y alma propia. Lo que concibieron, a modo de esto, era una imagen confusa, sin caracteres nacionales claros, que para ellos representaba la esencia vaga de “lo europeo”, como si lo europeo se hubiera dado o hubiera podido darse descaracterizado y amorfo en alguna parte de Europa.

Lo nuestro, en cambio, lo español o, si se quiere, lo hispano, es decir lo profundamente europeo que había en nosotros y que era todo nosotros, eso fue desdeñado y condenado a muerte. Las ideas francesas, inglesas o yanquis de los hombres de las luces no les permitían aceptar la realidad como era y quisieron transformarla en otra distinta y opuesta, utilizando, para esa operación de taumaturgos realizada por enanos, nada más que las ideas yanquis, inglesas y francesas que ninguno de los tres había comprendido, y cuyos padres originales jamás se hubieran propuesto destruir una nacionalidad para crear otra en su lugar.

Nada tan pernicioso como este error inicial, que no destruyó el ser nacional en su principio, porque las guerras civiles lo impidieron. El espíritu nacional sería susceptible de desarrollos culturales superiores si permaneciese leal a sí mismo. No podía consistir en otra cosa la cultura propia. El progreso supone tradición en la que tiene su punto de partida. Los unitarios adoptaron como punto de partida el odio a la tradición española, porque era nuestra. Así rompieron el proceso de perfeccionamiento en que consiste toda obra de cultura auténtica. La noción del progreso, aplicada a la historia, sólo expresa el desarrollo armónico de un ser, de un pueblo que viene del pasado y cuya misión en el mundo consiste en transmitir su propia sustancia biológica y espiritual a través de las generaciones. Pero los unitarios querían cambiarlo todo por odio a España, lo que pronto se convirtió en odio al país propio.

(Cfr. Carlos Ibarguren (h), Roberto de Laferrère, Periodismo - Política -Historia, EUDEBA, Bs. As., 1970, pp.129-130).

Nota catapúltica: el gran escritor y notable periodista Roberto de Laferrère (1900-1963) fue uno de los fundadores -junto con Rodolfo Irazusta- de la Liga Republicana, la primera organización  del nacionalismo argentino. Tuvo la inmensa fortuna de no pasar por las aulas universitarias, que pueden arruinar las mejores inteligencias. No le bastó más que la biblioteca de su padre Gregorio y la guía de su hermano Alfonso -también estupendo prosista- para convertirse en una persona auténticamente culta. Laferrère actuó como hombre de pensamiento y pensó como hombre de acción, según la consigna bergsoniana. El texto que reproducimos, donde el rigor conceptual corre parejo con el deslumbrante estilo, es de capital importancia para entender los rumbos de nuestra historia.

La biografía de Ibarguren tiene como anexos dos de sus trabajos fundamentales: El nacionalismo de Rosas (Una respuesta al Dr. Jorge Lavalle Cobo) y El contenido político del Martín Fierro.

Lamentablemente sus prematuros problemas de salud le impidieron concluir su Historia del pueblo argentino, de la cual sólo escribió la introducción.

No resisto a transcribir el extraordinario consejo que le dio en 1917 su hermano Alfonso y que marcó para siempre la existencia de Roberto de Laferrère:

Tú que inicias el camino de la vida, reacciona contra el ejemplo condenable de los hombres importantes que no tienen opiniones y de los hombres inteligentes que no tienen altivez. Subordina todas tus ambiciones a la ambición de merecer respeto. No reconozcas jerarquía más alta que la del carácter, ni mayor premio que la satisfacción de ti mismo y la solidaridad de los propios, ni desdicha más honda que la de quien abandona sus filas, llorando como Boabdil, por no haber sabido defenderlas. Que nunca tu actitud ofrezca equívocos, que siempre se sepa dónde vas a estar. Y ante todas las circunstancias, adversas o propicias, sé apasionado, parcial, insobornable y militante.

Ojala que estas normas de vida se hagan carne en la juventud argentina de hoy.

 

26/01/2008 - UNA PROFECÍA DE BELLOC

El mahometismo…como cuerpo de doctrina sigue floreciendo, a pesar de haber pasado mil trescientos años desde sus primeras grandes victorias en Siria. Las causas de esta vitalidad son muy difíciles de explorar, y tal vez no puedan ser alcanzadas. En cuanto a mí, me inclino en cierto modo al hecho de que, siendo el mahometismo un asunto del exterior, una herejía que no surgió dentro del cuerpo de la comunidad cristiana sino más allá de sus fronteras, siempre poseyó una reserva de hombres, de recién llegados que reviven sus energías. Pero esto no puede ser una explicación completa; tal vez el mahometismo habría muerto, a no ser por las sucesivas oleadas de reclutas del desierto y del Asia; tal vez habría muerto si el califato de Bagdad se hubiera visto librado, por ejemplo ,a sí mismo y si los moros de Occidente no hubieran podido obtener continuos refuerzos del Mediodía.

Cualquiera sea el motivo, el mahometismo ha sobrevivido, y sobrevivido vigorosamente. El esfuerzo misionero no ha tenido en él efecto apreciable. Aún convierte grandes cantidades de salvajes paganos. Hasta atrae de tiempo en tiempo a algún excéntrico europeo que se une a él. Pero el mahometano nunca se convierte en católico. Ningún fragmento del islamismo abandona jamás su libro sagrado, su código de moral, su sistema organizado de plegaria, su sencilla doctrina.

En vista de esto, cualquiera que tenga conocimientos de historia puede preguntarse si no veremos en el futuro un resurgimiento del poder mahometano y la reanudación de la antigua presión del Islam contra la cristiandad.

Hilaire Belloc: Las grandes herejías, La Espiga de Oro, Buenos Aires,1946, pp.115-116.

Nota catapúltica: Se ve que los ecumenistas nunca leyeron al viejo y querido Hilario, quien hoy sería tildado de “preconciliar”, “integrista”, “lefebvrista”, “fundamentalista”,etc. etc. etc.

 

02/02/2008 - CASEROS

Para justificar su actitud ante Rosas, Urquiza se apoyó en razones constitucionales. Pero las provincias no podían comprender cómo era posible que para organizar el país, el gobernador entrerriano tuviera que aliarse al Brasil y al  gobierno de Montevideo. Proceder de esta manera en momentos en que estaba muy alta la tensión rioplatense, daba pie para suponer que se había perdido la razón. Así se explica que Urquiza fuera tratado con los más duros epítetos-aun a riesgo de la exageración-, porque promovía una guerra fratricida en momento en que el Imperio reunía elementos bélicos contra la Confederación…

En Caseros quedó sepultado un poder que tan hábil, tesonera y eficazmente había combatido enemigos de dentro y de fuera. El Imperio (del Brasil) ya era dueño de la situación rioplatense: primero Uruguay y ahora Argentina…

El triunfo obtenido en los campos de Morón aseguró al Brasil su preponderancia en el continente sudamericano…

En consecuencia, Caseros no puede presentarse como la culminación de una lucha interna que puso fin a la vigencia política de un hombre y del régimen que habían prevalecido durante veinte años. Independientemente de la apreciación intelectual que nos pueda suscitar tanto Rosas como sus amigos o sus enemigos, debemos comprender y tener la conciencia histórica de que, desde 1851, el país estaba envuelto en una guerra con Brasil, de extraordinarias repercusiones para el destino nacional argentino y rioplatense, y que se perdió con el pronunciamiento de Urquiza y la derrota de la Confederación.

Pedro Santos Martínez, Discurso de incorporación a la Academia Nacional de la Historia. (Citado por Cayetano Bruno en Historia Argentina, Editorial Don Bosco, Buenos Aires, 1977, p.524)

Nota catapúltica: el Imperio del Brasil aprovechó la derrota de Caseros para consolidar un proyecto político de vastos alcances,-sustentado por una diplomacia que debería darnos envidia- y cuyas consecuencias están a simple vista. En el siglo XIX, en un mundo de reducidas dimensiones, podría tener explicación nuestra dependencia comercial con Gran Bretaña. Hoy, con un mundo “globalizado” nuestra dependencia comercial respecto del Brasil es mucho mayor de la que teníamos con el otro Imperio. Forzando los términos, quizás podría decirse que somos una colonia brasilera. En efecto ¿cuántas empresas argentinas de primera línea han pasado a manos  de nuestros vecinos? Por otra parte, con una diplomacia ejecutada por amateurs y con una dirigencia económica atenta siempre a su propio e inmediato beneficio, tampoco se podía esperar mucho. Hasta hace sesenta años, la Argentina tenía un peso político mayor o igual al del Brasil y nosotros, en cambio, damos pena.  Y todo por nuestras culpas; Caseros fue una de las más grandes. Hay que ser tonto para no reconocerlo.

(La imagen es de la bandera imperial del Brasil)

 
09/02/2008 - ¡MALHAYA, ARGENTINA!

La ocupación de un peluquero o de un fabricante de bujías de sebo -por no hablar de otra serie de empleos serviles- no puede honrar a ninguna persona. Tales grupos de hombres no deben ser oprimidos por el Estado; pero es éste quien sufre opresión si, siendo como ellos lo son, se les permite gobernar directa o indirectamente. Al hacer esto podéis creer que estáis haciendo la guerra a los prejuicios, pero a quien se la hacéis es a la naturaleza.

No creo, querido amigo, que seáis un espíritu sofístico y capcioso ni de una estupidez tal que necesite un detalle explícito de los correctivos y excepciones que hay que hacer a cada observación o sentimiento general, ya que la razón presume que hay que incluirlas en todas las proposiciones generales que hacen las personas razonables. No imaginéis que quiero limitar el poder, la autoridad y la discusión a la sangre y a los nombres y a los títulos. No hay otra cualificación para el gobierno sino la virtud y la sabiduría, demostrada o presunta. Donde quiera que se encuentren, tienen en cualquier estado, condición, profesión o empleo el pasaporte celeste para ocupar un lugar y tener un honor humano. ¡Malhaya el país que loca y despiadadamente rechaza el servicio de los talentos y las virtudes civiles, militares o religiosas y que condena a la oscuridad todo lo que se forma para difundir alrededor de un Estado lustre y gloria!

¡Malhaya aquel país que, pasando al extremo opuesto, considera una educación baja, una opinión estrecha y mezquina y una ocupación sórdida y mercenaria como título preferible de mando!


(Edmund Burke, Reflexiones sobre la Revolución Francesa en Textos Políticos, Fondo de Cultura Económica, México, 1942, pp.83-84)

Nota catapúltica: El ilustre irlandés estaba dolido porque un “peluquero” o un “fabricante de bujías de sebo” -ambas profesiones “sórdidas y mercenarias” para la gente de la época-pudiesen ocupar cargos de gobierno. ¡Menos mal que no le tocó vivir en la Argentina de hoy, cuando un usurero sórdido y mercenario como el que más, funge de Presidente! Conozco además varios peluqueros de tanto sentido común, que los votaría como “bien mayor”…
 

16/02/2008 - SIGNIFICACION DE LA PLEGARIA

En casi todas las épocas, los hombres de Occidente han orado. La Ciudad era antiguamente sobre todo una institución religiosa. Los romanos elevaban continuamente templos por doquier. Nuestros antepasados de la Edad Media cubrieron de catedrales y de capillas góticas el suelo de la Cristiandad. Aún en nuestros días por sobre la altura de todos los pueblos se destaca un campanario. Por medio de las iglesias, así como mediante universidades y fábricas, los peregrinos llegados de Europa instauraron en el nuevo mundo la civilización de Occidente. En el curso de nuestra historia, orar ha sido una necesidad tan elemental como la de trabajar, la de conquistar, construir o  amar. En realidad, el sentido de lo sagrado parece ser un impulso venido de lo más profundo de nuestra naturaleza, una actividad fundamental. Sus variaciones en un grupo humano están casi siempre unidas a la de otras actividades básicas, el sentido moral y el carácter, y a veces el sentido de lo bello. Esta parte tan importante de nosotros es la que hemos permitido que se atrofiara y a menudo que desapareciera.

Es preciso recordar que el hombre no puede sin peligro conducirse según le plazca a su fantasía. Para salir triunfante, la vida debe ser llevada de acuerdo a las reglas invariables que dependen de su estructura misma. Corremos un grave riesgo cuando dejamos morir en nosotros alguna capacidad fundamental, sea ésta de orden físico, intelectual o espiritual. Por ejemplo, la falta de desarrollo de los músculos, del intelecto y de las capacidades no racionales del espíritu de algunos intelectuales es tan desastrosa como la atrofia de la inteligencia y del sentido moral en ciertos atletas. Existen innumerables ejemplos de familias prolíficas y fuertes que no produjeron más que degenerados o se extinguieron tras la desaparición de las creencias ancestrales y del culto del honor. Hemos aprendido, merced a una dura experiencia, que la pérdida del sentido moral y del sentido de lo sagrado en la mayoría de los elementos activos de una nación, conduce a la decadencia de esa nación y a la sujeción al extranjero.

Alexis Carrel, El poder de la plegaria, Leviatán, Buenos Aires, 1981, pp. 53-55

 

08/03/2008 - Un texto decisivo de José de Maistre

Hay en la Revolución francesa un carácter satánico que la distingue de todo cuanto se ha visto, y quizá de todo cuanto se verá.

Recordemos las grandes sesiones, el discurso de Robespierre contra el sacerdocio, la apostasía solemne de los sacerdotes, la profanación de los objetos de culto, la fundación de la diosa Razón, y aquella multitud de escenas inauditas, en las que la provincias procuraban sobrepasar a París: todo esto se sale del círculo habitual de los crímenes y parece pertenecer a otro mundo. Y aún en estos momentos en que la Revolución ha retrocedido en mucho, los grandes excesos han desaparecido, pero subsisten los principios. ¿No han pronunciado los legisladores (para emplear sus propios términos), esta frase, aislada en la Historia: “La Nación no sostiene ningún culto”? Parece que hay hombres, en la época en que vivimos, que se elevan a veces hasta el odio a la divinidad; pero no era tan necesaria esta espantosa proeza para inutilizar los mayores esfuerzos constituyentes; el solo olvido del gran Ser (no digo ya el desprecio) es un anatema irrevocable sobre los actos humanos en que recae. Todas las instituciones imaginables, si no reposan sobre una idea religiosa, son efímeras. Son fuertes y duraderas en la medida en que estén divinizadas, si se me permite la expresión. No sólo la razón humana- o lo que se llama filosofía sin saber lo que se dice-es incapaz de de suplir esas bases que se llaman supersticiones-igualmente sin saber lo que se dice-, sino que la filosofía es, por el contrario, una potencia esencialmente desorganizadora.

(Consideraciones sobre Francia, Rialp, Madrid,1955,pp.123-124)
 

10/05/2008 - UN DOCUMENTO OLVIDADO Y SILENCIADO A DESIGNIO

Instrucciones de la Suprema Congregación del Santo Oficio al episcopado de todo el mundo sobre el "Movimiento Ecuménico"

La Iglesia Católica, aunque no toma parte en los congresos y demás reuniones ecuménicas, ha seguido, sin embargo, siempre, como se desprende de muchos documentos pontificios, y continuará en el futuro siguiendo con el más vivo interés y favoreciendo con asiduas plegarlas a Dios todos los esfuerzos que tiendan a obtener lo que tan en el corazón tuvo Cristo Nuestro Señor, es decir, que todos aquellos que creen en El «sean consumados en la unidad» (San Juan, 17, 23).

Porque ella abraza con afecto verdaderamente maternal a aquellos que vuelven a ella como a única Iglesia de Cristo; por lo cual nunca aprobarán y promoverán bastante aquellos proyectos y aquellas iniciativas que, con el consentimiento de la autoridad eclesiástica, se tomaron y llevaron a cabo para instruir debidamente en la fe a quienes están para convertirse o para dar a los convertidos un más profundo conocimiento de ella.

Ahora bien, a causa de acontecimientos externos y de cambios en la disposición de ánimo pero sobre todo por los méritos de las oraciones comunes de los fieles, bajo la inspiración de la gracia del Espíritu Santo, en muchas partes del mundo ha venido creciendo de día en día en el corazón de muchas personas separadas de la Iglesia Católica el deseo de que todos aquellos que creen en Cristo Nuestro Señor retornen a la unidad. Lo cual, sin duda, constituye para los hijos de la verdadera Iglesia un motivo de santa alegría en el Señor y juntamente una invitación a ayudar a aquellos que buscan sinceramente la verdad, pidiendo para ellos a Dios con insistentes plegarlas la luz y la fuerza necesarias.

Pero ciertas tentativas hechas por particulares o por algunas asociaciones de reconciliar en la Iglesia Católica a los católicos disidentes, aun estando inspiradas por óptimas intenciones, no siempre se fundan sobre rectos principios y aun cuando en ellos se inspiran no están exentos de ciertos peligros, como ya ha probado la experiencia. Por eso esta Suprema Sagrada Congregación, a la que incumbe el deber de conservar íntegro y de defender el depósito de la fe, ha juzgado oportuno recordar y prescribir cuanto sigue:

l.‑ Puesto que esta Obra de la unión es, sobre todo, cargo y deber de la Iglesia, es necesario que los Obispos, a quienes el Espíritu Santo puso para regir la Iglesia de Dios (Act. Ap., 20, 28), se dediquen a ella con un cuidado particular. Así, pues, no sólo deberán vigilar con diligencia y eficacia todas estas actividades, sino promoverlas y dirigirlas con prudencia, bien para ayudar a aquellos que buscan la verdad y la verdadera Iglesia, bien para alejar de los fieles aquellos peligros que fácilmente se siguen de la acción de dicho Movimiento Ecuménico.

Por estos motivos, deben ante todo estar perfectamente al corriente de todo cuando en sus diócesis establece y hace el Movimiento. A este fin designarán sacerdotes idóneos que, «teniendo presentes la doctrina y las directrices de la Santa Sede», contenidas, por ejemplo, en las Encíclicas «Satis Cognitum» (Acta Leonis, XIII, vol. XVI, 1897, pág. 157 y s.), «Mortalium animos» (A. A. B., XX, 1028, pág. 5 y ss.) y «Mystici Corporis Christi» (A. A. S., XXXV, 1943, página 193 y ss.), sigan  atentamente todo cuanto concierne al Movimiento y den relación de él a los mismos Obispos del modo y en el tiempo que se establezca.

Con cuidado particularísimo ejercitarán su vigilancia sobre las publicaciones que en cualquier forma sean editadas por católicos sobre este tema, y solicitarán la observancia de los sagrados cánones: «De praevia censura librorum eorumque prohibitione» (cánones 1384 y ss.). Del mismo modo procederán respecto de la edición, lectura y venta por los católicos de análogas publicaciones hechas por acatólicos.

Igualmente procurarán disponer para los acatólicos que deseen conocer la fe católica,  aquellos medios que pueden servir a tal fin; designarán las personas y los lugares donde estos acatólicos puedan presentarse y pedir consejo; proveerán, todavía con mayor solicitud, para que quienes ya se han convertido puedan encontrar con facilidad los medios de instruirse más detallada y más profundamente en la fe católica; lo mismo harán para que los convertidos puedan comenzar una activa vida religiosa, especialmente por medio de reuniones y asociaciones apropiadas, de ejercicios espirituales y de otras prácticas de piedad.

II.‑ En cuanto al método que ha de seguirse en este trabajo, los mismos Obispos prescribirán lo que debe hacerse y lo que debe evitarse, y exigirán que sus prescripciones sean observadas por todos. Igualmente vigilarán para que, con el pretexto de que se debería dar mayor consideración a aquello que nos une que a aquello que nos separa de los acatólicos, no se favorezca un peligroso indiferentismo, especialmente en aquellos que están poco instruidos en materias teológicas y practican poco la religión.

Debe, efectivamente, evitarse que, por un espíritu que hoy llaman «irénico», la enseñanza católica (trátese de dogmas o de verdades en conexión con los dogmas), sea de tal manera conformada o acomodada a las doctrinas de los disidentes (y esto con el pretexto del estudio comparado y por el vano deseo de asimilación progresiva de las diferentes profesiones de fe) que por ello venga a sufrir la pureza de la doctrina católica y se obscurezca su sentido genuino y cierto.

Se debe también evitar aquel modo de expresarse del que se originan opiniones falsas y esperanzas falaces que no pueden jamás realizarse, como, por ejemplo, diciendo que no debe tomarse en tanta consideración la enseñanza de los Romanos Pontífices contenida en las Encíclicas, sobre el retorno de los disidentes a la Iglesia, sobre la constitución de la Iglesia y sobre el Cuerpo Místico de Cristo, porque no es todo de fe, o bien (lo que es mucho peor) porque en materia de dogmas ni siquiera la Iglesia Católica posee ya la plenitud de Cristo, sino que puede ser perfeccionada por otras Iglesias.

Tomarán diligentes precauciones e insistirán en ellas con firmeza para que al exponer la historia de la Reforma y de los reformados no se exageren tanto los defectos de los católicos y se disimulen, en cambio, de tal modo las culpas de los reformados, o no se pongan tan en evidencia los elementos más bien accidentales, que apenas se perciba y sienta lo que es más esencial, es decir, la defección de la fe católica. Finalmente cuidarán de que, por un celo exagerado y falso o por imprudencia y excesivo ardor en la acción, no se dañe más de lo que se sirve a los fines propuestos.

          La doctrina católica deberá, pues, proponerse y exponerse total e integralmente; por lo tanto, no se podrá pasar en silencio o cubrir con pala­bras ambiguas lo que la verdad católica enseña sobre la verdadera naturaleza y sobre los me­dios de justificación, sobre la constitución de la Iglesia, sobre el Primado de jurisdicción del Ro­mano Pontífice, sobre la única verdadera unión que se cumple con el retorno de los disidentes a la única verdadera Iglesia de Cristo. Se podrá, ciertamente, decirles que ellos, al retornar a la Iglesia, no perderán ninguna parte del bien que, por la gracia de Dios, ha nacido hasta ahora en ellos, pero que sólo con su vuelta este bien será completado y perfeccionado. Ahora bien, no deberá hablarse de este tema de un modo tal que ellos vengan a creer que, con su retorno, traen a la Iglesia un elemento esencial que habría faltado a ésta hasta el presente. Estas cosas de­ben decirse clara y abiertamente, tanto porque ellos buscan la verdad, cuanto porque fuera de la verdad nunca podrá obtenerse unidad ver­dadera.

            I.‑ Es totalmente necesaria la particular vigilancia y la dirección de los Ordinarios en lo que toca a las reuniones y conferencias mixtas de católicos con acatólicos que en estos últimos tiempos han comenzado a ser organizadas para promover la reunión en la fe.

Si, en efecto, por una parte ellas dan la ocasión deseada de difundir entre los no católicos el conocimiento de la doctrina católica, que generalmente no conocen mucho, por otra parte, llevan fácilmente consigo para los católicos graves peligros de indiferentismo. Allí donde se ve surgir una esperanza de buenos frutos, el Ordinario tome medidas para que la cosa sea bien dirigida, designando sacerdotes lo más idóneos que sea posible para estas reuniones, que sepan exponer y defender con exactitud y como conviene la doctrina católica. Los fieles, por el contrario, no intervengan en aquellas reuniones sin un especial permiso de la autoridad eclesiástica; este permiso debe darse solamente a aquellos que se conoce ser bien instruidos y fuertes en la fe. Donde, en cambio, no parezca haber esperanza de buenos resultados, o existan especiales peligros, se mantendrán prudentemente alejados los fieles de  estas reuniones, y éstas deberán ser suspendidas a tiempo, o deberán hacerse terminar poco a poco. Y como la experiencia enseña que las grandes reuniones de este género producen pocos frutos y muchos peligros, no se deben permitir sino después de muy serio examen.

A los coloquios entre teólogos católicos y acatólicos, se deben mandar solamente sacerdotes que, por su ciencia teológica y por su firme adhesión a los principios y a las normas establecidas por la Iglesia en esta materia, hayan dado prueba de ser verdaderamente aptos para este fin.

IV.‑ Todas estas conferencias o reuniones, públicas o no públicas, numerosas o pequeñas, organizadas de propósito para que, tanto la parte católica como la acatólica, traten o discutan, sobre un plano de paridad, cuestiones de fe y de moral, exponiendo como propia la doctrina de su confesión, están sometidas a los prescripciones de la Iglesia, que se recordaron en la Advertencia «Cum compertum» de esta Congregación, el 5 de junio de 1948 (A. A. S., vol. XL, año 1948, pág. 257). Las reuniones mixtas no se prohíben absolutamente, pero no deben celebrarse sin el permiso previo de la autoridad  eclesiástica competente.

No están sometidas a la Advertencia las instrucciones catequísticas, aunque se impartan a muchas personas juntamente, ni tampoco las conferencias en las cuales se expone la doctrina católica a los acatólicos que están para convertirse, aunque en esta ocasión los acatólicos exijan la doctrina de su propia confesión religiosa para conocer con claridad y seriamente los puntos en que ella concuerda con la doctrina católica y aquellos en que difiere de ella.

La Advertencia no se refiere tampoco a las reuniones mixtas de católicos y acatólicos en que no se trate de fe y de moral, sino que se discuta del modo cómo, uniendo las fuerzas propias, se podrán defender los principios fundamentales del Derecho natural o de la religión cristiana contra los enemigos de Dios, hoy unidos apretadamente, o se trate de restablecer el orden social u otras cuestiones de este género. Pero tampoco en tales reuniones es lícito a los católicos aprobar o admitir doctrinas que estén en desacuerdo con las verdades reveladas o con las enseñanzas de la Iglesia, aun cuando éstas se refieran sólo a las cuestiones sociales.

Respecto de las conferencias y reuniones locales, que, según cuanto hasta ahora se ha expuesto, son aceptadas por la Advertencia, se concede a los Ordinarios por tres años, que deben contarse desde el día de la publicación de esta Instrucción, la facultad de conceder la necesaria autorización previa de la Santa Sede solamente con estas condiciones:

1) Que se evite totalmente la «communicatio in sacris».

2) Que las discusiones sean debidamente vigiladas y dirigidas.

3) Que al fin de cada año se haga una relación a esta Suprema Sagrada Congregación, en la que se diga en qué lugares se han tenido las reuniones y qué experiencias se han recogido.

En cuanto a las conversaciones de teólogos, de las que antes se ha hablado, se concede la misma facultad por el mismo período de tiempo al Ordinario del lugar donde se tengan tales conversaciones o bien al Ordinario que haya sido delegado, de común acuerdo con otros Ordinarios, para dirigir esta obra, con las condiciones antes asignadas; en particular, cada año se deberá dar cuenta a esta Sagrada Congregación de qué cuestiones han sido tratadas, quiénes han intervenido en ellas y quiénes han sido los ponentes por ambas partes.

En cuanto a las conferencias y reuniones interdiocesanas, o nacionales o internacionales, es siempre necesario el permiso previo y especial, en cada uno de los casos, de la Santa Sede; en la petición debe especificarse cuáles serán las cuestiones y temas que se tratarán y quiénes serán los futuros ponentes. No es lícito, antes de que se haya obtenido el permiso, comenzar la preparación exterior de estas reuniones o colaborar con los acatólicos que hayan comenzado tales preparativos.

V.‑ Aunque en todas estas reuniones y conferencias se debe evitar cualquier clase de «communicatio in sacris», no se prohíbe, sin embargo, la recitación común del Padrenuestro o de una oración aprobada por la Iglesia católica con la que dichas reuniones se abran y clausuren.

VI.‑ Aun siendo derecho y deber de cada Ordinario vigilar, ayudar y dirigir esta obra en su propia diócesis, será oportuna y a veces necesaria la colaboración de más Obispos para constituir organismos u oficinas encargadas de vigilar, examinar y dirigir el conjunto de estas actividades. Así, pues, será deber de los Ordinarios entenderse entre sí y ver de que forma concreta se puede alcanzar la uniformidad de acción y obtener una conexión bien ordenada.

VII.‑ Los superiores religiosos están obligados a vigilar y a procurar que sus súbditos se conformen estricta y fielmente a las prescripciones de la Santa Sede o de los Ordinarios en esta materia.

Para que esta magnífica obra de la unión de todos los cristianos en la única verdadera fe y en la única verdadera Iglesia resulte cada vez más una parte notable de la universal cura de las almas, y para que todo el pueblo católico implore de Dios más vivamente este retorno a la unidad, será ciertamente útil que se hagan conocer a los fieles por los medios oportunos – por ejemplo, con cartas pastorales – estos problemas y estas iniciativas, las prescripciones de la Iglesia en esta materia y las razones que las inspiran. Todos, pero especialmente los sacer­dotes y religiosos, se deben exhortar e inflamar para que con sus oraciones y sacrificios se esfuercen por fecundar y promover esta obra; a todos se debe recordar que para preparar a los errantes el camino a la Verdad y a la Iglesia no hay cosa más eficaz que la fe de los católicos, comprobada por la pureza de las costumbres.

Dado en Roma, desde el Palacio del Santo Oficio, el 20 de diciembre de 1949.

+ Francisco, Cardenal Marchetti ‑ Selvaggiani,
Secretario Alfredo Ottaviani, asesor.

(El texto latino y la versión italiana de este documento aparecieron en el L'Osservatore Romano del 1/3/1950 y A.A.S. vol. XLII, pág. 142; la versión castellana está tomada del Anuario PETRUS, Ed. Atlántida, Madrid, año 1950)

Nota catapúltica: por su importancia y para contribuir al esclarecimiento de los católicos confundidos por la marea del falso ecumenismo, consideramos necesaria la reproducción integral de las Instrucciones. Como “carbonero” y creyente de a pie, El Artillero considera que el Vaticano II significó una ruptura con la enseñanza tradicional de la Iglesia, aplicando la sencilla consigna de que el árbol malo se reconoce por sus frutos .No en vano Yves Congar, uno de los jeques de la teología progresista, afirmó que con el Concilio, la Iglesia había tenido, pacíficamente, su Revolución de Octubre.

Por ese “Octubre”, el decreto sobre el ecumenismo Unitatis redintegratio omite toda referencia a las Encíclicas Satis Cognitum, Mortalium animos y Mystici Corporis Christi, que, junto a las Instrucciones ,sostienen la sana doctrina sobre la cuestión. Por ese “Octubre”, en la UR (Cap.I, 3) se estampa la siguiente herejía: Los hermanos separados de nosotros practican también no pocas acciones sagradas de la religión cristiana, las cuales, de distintos modos, según la condición de cada Iglesia o Comunidad* pueden, sin duda ,producir realmente la vida de la gracia, y hay que considerarlas aptas para abrir el acceso a la comunión de la salvación. Por ello, las Iglesias y Comunidades separadas, aunque creemos que padecen deficiencias, de ninguna manera están desprovistas de sentido y valor en el misterio de la salvación. Porque el Espíritu de Cristo no rehúsa servirse de ellas como medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de gracia y de verdad que fue confiada a la Iglesia católica.

 El lector debería armarse de paciencia, leyendo y releyendo las Instrucciones,,para comprobar de que la Iglesia nunca se olvidó de quienes se habían apartado de Ella y que siempre procuró su conversión, y que no hubiese más que un solo rebaño y un solo Pastor.

También puede ser muy conveniente la lectura de la entrevista a la Dra. Alice von Hildebrand, (ver Nº 64 de CATAPULTA, del 17/11/07),cuyo marido, el gran filósofo Dietrich von Hildebrand, -Pió XII lo consideraba el Doctor de la Iglesia en el siglo XX- le pidió a Pablo VI una clara y completa condenación de todas las declaraciones conciliares heréticas.

* Entiendo que la Santa Madre nunca se refirió a otras “iglesias y comunidades” y en todo caso, nunca empleó las mayúsculas, que implican establecer una paridad entre todas las religiones.

 

17/05/2008 - UN TEXTO DE MARCEL DE CORTE SOBRE EL HOMBRE DE DERECHA Y EL HOMBRE DE IZQUIERDA

El hombre de Derecha es el hombre que acepta la condición humana. Correlativamente, cualquiera que no acepte la condición humana no es de Derecha, aunque él mismo se considere o no como tal. Es claro y nítido. Y esto es todo, y podríamos no decir más, si el espíritu de nuestros contemporáneos no estuviese atascado por mitos y prejuicios, si el pensamiento moderno pudiese todavía ver las realidades a las que nos remite el lenguaje.

Aceptar la condición humana, es consentir a la doble y única limitación del nacimiento y de la muerte, y todo lo que ello implica, ni más ni menos. Este consentimiento no es el acto de la vida inconsciente ni tampoco el del espíritu consciente: en el hombre, la vida sin el espíritu no es la vida, sino su desecho, y el espíritu sin la vida no es el espíritu, sino su caricatura. Lo propio del hombre maduro es la aceptación total de la vida y de la muerte, que él no elige. Nacimiento y desaparición están más allá de su libertad. Si es lúcido, contempla con una sonrisa  irónica, las contorsiones de los existencialistas que pretenden “hacerse a sí mismos”,en una suerte de incesto que Aristófanes, si escribiese de nuevo “Las nubes”,hubiese aprovechado para dar uno de sus más efectivos golpes escénicos. En cuanto a la muerte no puede elegirla, ya que el suicidio no es un acto que emane de un hombre en el cual el espíritu y la vida ya no están unidos, sino de un hombre que no es más hombre, que ha roto con la vida, que se hace puro espíritu y que, rompiendo con la condición humana, no ejerce ya su libertad.

Consentir al nacimiento, es simplemente consentir a la relación irrevocable que nos une a una familia dada, a un ambiente dado, a una civilización dada. Hay allí un don recibido en depósito que podemos aceptar, rechazar, mancillar o disipar. El hombre de Derecha lo toma y lo hace fructificar en lo más profundo de su alma. Él se siente radicalmente responsable y bastante más que eso, en tanto que encargado de transmitir ese don con la misma liberalidad que asignaba a su recepción. Es la única riqueza que considera tal, incorporándola a su ser total que se confunde con ella, confundiéndose también él con todos aquellos que  han recibido su parte. Desde este punto de vista, el hombre de Derecha es infinitamente más  “socialista y comunista” que cualquier seguidor de Marx, y mucho más rico que todos los banqueros y grandes empresarios del mundo.

Sustraerse a los imperativos del nacimiento es el signo infalible de la mentalidad de Izquierda, como de la plutocracia a la cual esta íntimamente ligada, porque lo característico de la riqueza monetaria es sustituir el ser por el tener. Escribía sarcásticamente Anatole France: En todo Estado civilizado, la riqueza es algo sagrado; en las democracias, es lo único sagrado”.El hombre de Izquierda, como el financista, excluye de su campo de visión todos los valores gratuitos ligados al nacimiento, y no le importan nada más que los valores convertibles en cifras y en estadísticas. Por esa razón, la Finanza ha sido casi siempre cómplice del socialismo que en apariencia aborrece. Toda su historia, a lo largo de estos dos últimos siglos, es la de sus oposiciones y de sus concesiones mancomunadas al socialismo. Ella busca obstinadamente un punto de encuentro con el socialismo porque pertenecen a las mismas estructuras. Mientras esto no se comprenda, no se entenderá la política de los EE.UU. en Europa y en el mundo, que consiste en sostener contra viento y marea, los gobiernos socialistas o socializantes, y de invitar a Rusia la competición para conseguir la “felicidad”del género humano.

El hombre de Derecha es incapaz de entrar en este juego dialéctico. Los valores del nacimiento son par él valores ontológicos que hacen parte de su ser. Pretender  que los refiera a los valores económicos, es incitarlo a convertirse en hombre de izquierda, negándose a sí mismo. Quizá ningún otro ser humano tenga más respeto que el hombre de Derecha por los valores económicos. Pero, para él, ellos está estricta y rigurosamente subordinados a los valores del nacimiento, a la familia, a la patria chica y a la patria grande, a la cultura y a la civilización, a las cuales su ser está íntimamente ligado para siempre.

(Une Definition de la Droite, en Écrits de Paris, julio-agosto 1964, p.75)

 
31/05/2008 - A PROPÓSITO DE LA EDUCACIÓN SEXUAL (SEGÚN LA ENSEÑANZA DEL PAPA PÍO XI EN LA ENCÍCLICA DIVINI ILLIUS MAGISTRI)

49. Peligroso en sumo grado es, además, ese naturalismo que en nuestros días invade el campo educativo en una materia tan delicada como es la moral y la castidad. Está muy difundido actualmente el error de quienes, con una peligrosa pretensión e indecorosa terminología, fomentan la llamada educación sexual, pensando falsamente que podrán inmunizar a los jóvenes contra los peligros de la carne con medios puramente naturales y sin ayuda religiosa alguna; acudiendo para ello a una temeraria, indiscriminada e incluso pública iniciación e instrucción preventiva en materia sexual, y, lo que es peor todavía, exponiéndolos prematuramente a las ocasiones, para acostumbrarlos, como ellos dicen, y para curtir su espíritu contra los peligros de la pubertad.

50. Grave error el de estos hombres, porque no reconocen la nativa fragilidad de la naturaleza humana ni la ley de que habla el Apóstol, contraria a la ley del espíritu (cf. Rom 7,23), y porque olvidan una gran lección de la experiencia diaria, esto es, que en la juventud, más que en otra edad cualquiera, los pecados contra la castidad son efecto no tanto de la ignorancia intelectual cuanto de la debilidad de una voluntad expuesta a las ocasiones y no sostenida por los medios de la gracia divina.

51. En esta materia tan delicada, si, atendidas todas las circunstancias, parece necesaria alguna instrucción individual, dada oportunamente por quien ha recibido de Dios la misión educativa y la gracia de estado, han de observarse todas las cautelas tradicionales de la educación cristiana, que el ya citado Antoniano acertadamente describe con las siguientes palabras: «Es tan grande nuestra miseria y nuestra inclinación al pecado, que muchas veces los mismos consejos que se dan para remedio del pecado constituyen una ocasión y un estímulo para cometer este pecado. Es, por tanto, de suma importancia que, cuando un padre prudente habla a su hijo de esta materia tan resbaladiza, esté muy sobre aviso y no descienda a detallar particularmente los diversos medios de que se sirve esta hidra infernal para envenenar una parte tan grande del mundo, a fin de evitar que, en lugar de apagar este fuego, lo excite y lo reavive imprudentemente en el pecho sencillo y tierno del niño. Generalmente hablando, en la educación de los niños bastará usar los remedios que al mismo tiempo fomentan la virtud de la castidad e impiden la entrada del vicio» *

* (La cita de Pío XI está tomada del famoso libro del Cardenal Silvio Antoniano, Del ´educazione cristiana dei figliuoli, escrito a instancias de San Carlos Borromeo. La primera edición es de 1584)

Nota catapúltica: volvemos a publicar el núcleo de la enseñanza del Magisterio sobre tan delicadísima cuestión. Quizás sirva para que los padres católicos se opongan a la atrocidad que significa la educación sexual obligatoria, dispuesta por el régimen de los Kapone. La Divini Illius Magistri es una Encíclica olvidada, con toda premeditación y alevosía, por causa de su antimodernismo. La Iglesia argentina nuevamente esquiva el bulto y guarda silencio (por lo menos hasta este sábado por la mañana).Si hubiese una buena conducción ya se habría pronunciado oficialmente y en pleno con un texto redactado de antemano, que tiempo hubo para tenerlo listo. Pero  con Judas B. a la cabeza ¿qué se puede esperar? Nada bueno por cierto, y esto es casi un axioma.
 

31/05/2008 - UN TEXTO DE GUSTAVE THIBON: VIDA CONYUGAL Y SACRIFICIO

Si para el moralista moderno hay una tarea trágicamente urgente, es la de recordar a los hombres la noción de sacrificio. Todos los fracasos, todas las miserias del matrimonio proceden del olvido de esa necesidad. No concibo un matrimonio feliz sin un sacrificio mutuo. Ninguna paradoja hay en ello. La primera condición de la felicidad es no buscarla. En este orden está permitido decir, invirtiendo la palabra evangélica: no busquéis y encontraréis.

El hombre noble busca vivir como hombre, el hombre vil trata de ser feliz. El último busca aquí abajo cosas y seres en quienes pueda satisfacerse, el primero busca seres y cosas a quienes inmolarse. No se toma una esposa, uno se da a ella. Casarse es quizás la manera más directa, la más exclusiva de no pertenecerse ya. Chesterton, leyendo un diario americano donde estaba escrito: “Todo hombre que se casa debe persuadirse de que renuncia al cincuenta por ciento de su independencia”, observaba: “Solamente en el Nuevo Mundo está permitido semejante optimismo”.

El secreto de la felicidad conyugal es amar esa dependencia. Al ser que vive a nuestro lado, debemos amarlo menos en la medida de lo que nos da cuanto en la medida de lo que nos cuesta.

La vocación del matrimonio nos consagra a nuestro cónyuge. La afirmación va lejos. Da un sentido a todos los deberes y a todos los colores de la vida en común. En particular, hace de la felicidad conyugal, no ya una especie de estéril sacrificio, sino un acto religioso del más alto valor humano.

(En Grupo Lionés de Estudios Médicos, Matrimonio y Medicina, Ediciones Criterio, Buenos Aires,1954, p.268)
 

12/07/2008 - UN TEXTO DE RAFAEL GAMBRA

El sentido de las cosas tiene dos aspectos, uno espacial y otro temporal. La “Tierra de los hombres” es mansión en el espacio y rito en el tiempo. El hombre construye su albergue en el espacio, y ese albergue posee límites, estancias, estructura. Y cada estancia, un sentido y también un misterio intransferible .Como cada flor es, en sí misma, la negación de las demás. Es la mansión histórica, hecha sustancia de la vida, lo que el hombre ama; no la construcción teórica, en serie, de la que sólo se sirve. “Te resultará imposible amar-leemos en Citadelle-una casa que no tenga rostro propio y donde los pasos no tengan su sentido. Había (en el palacio de mi padre) una sala reservada a los principales embajadores y que se abría sólo al sol de los grandes días; había aquellas otras en que se hacía justicia y aquella donde se llevaba a los muertos; y aquella, en fin, siempre vacía, cuya utilidad nunca se conoció, y que quizá no tuviera ninguna salvo la de enseñar el respeto y el sentido del misterio y que se nunca se penetra del todo las cosas…” Este sentido espacial-estructura humana-de las cosas es producto, ante todo, de una aceptación; después, de la continuidad, la costumbre y la tradición.

Aceptación ante todo de una trascendencia divina y de la religación a ella en un destino común  Historiadores, geógrafos, economistas , explican por factores coincidentes o disociados el brotar histórico de los pueblos o la génesis de las grandes civilizaciones. Sin embargo, nada hubiera unido a los árabes ni los hubiera lanzado sobre el mundo sin la misteriosa acogida de un mensaje superior que hizo irrumpir victorioso lo que dormía en la dispersión y la pasividad. De aquí que nada más inadecuado y disolvente para toda religión que aplicar el método analítico racional a sus fundamentos religadores, haciéndolos abstractos, universales, intercambiables: este método, que puede usarse con eficacia en realidades convencionales y finalistas, como la economía y la gobernación humana, resulta esencialmente aniquilador en el hecho religioso, que es, ante todo, aceptación trascendente, misteriosa, y después, comunión y fidelidad.

Aceptación, en segundo término, de un orden existencial en el cual el medio se hace mansión y el tiempo adquiere una fisonomía; concreción histórica que se realiza en la remota y legendaria génesis de cada pueblo, y que se santifica con el paso de las generaciones y la memoria sagrada de los que nos precedieron.

(El silencio de Dios, prólogo de Gustave Thibon, Editorial Prensa Española, Madrid, 1968, pp.78-80)

Nota catapúltica: con particular satisfacción reproduzco una de las páginas más hermosas de mi maestro Rafael Gambra, cuyo libro me ayudó a cambiar muchos puntos de vista y a ser menos activista.

Citadelle y Tierra de los hombres son dos libros de otro maestro: Antoine de Saint-Exupéry, de quien Rafael fue uno de sus mejores intérpretes en el mundo hispánico, junto con mi viejo amigo Bernardino montejano.

 

Proyectiles

Aclaraciones: Como habrán notado hemos remarcado en color rojo como referencia a la foto incluida, de esta forma identificaran a quien ilustra nuestros comentarios. Aprovecho para saludarlos cordialmente, El Artillero.

AVISO: RECORDAMOS QUE CATAPULTA NO LIMITA EL ACCESO Y SI NO ESTAMOS EN PANTALLA ES PORQUE FUIMOS ATACADOS NUEVAMENTE O SUFRIMOS DESPERFECTOS TÉCNICOS.

info@catapulta.com.ar