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Número
especial ENERO 2009
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CATAPULTA
REAPARECERÁ EN LA ÚLTIMA SEMANA DE ENERO, CON UN
NUEVO FORMATO QUE PERMITIRÁ UNA MAYOR FRECUENCIA
EN LAS APARICIONES Y UNA MEJOR DISTRIBUCIÓN DE
LA INFORMACIÓN.
MIENTRAS TANTO,
DEJAMOS UNA SELECCIÓN DE LO PUBLICADO EN 2007-2008.
SERÁ ENTONCES
HASTA LA VUELTA, SI DIOS QUIERE. |
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10/11/2007 - ENTREVISTA
CON ALICE
VON HILDEBRAND
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Aclaración del Artillero: Monseñor
Albert Malcolm Ranjith, Secretario
de la Congregación para el Culto
Divino, acaba de reconocer que
existe una crisis de obediencia en
la Iglesia, manifestada abiertamente
después de la publicación del Motu
Propio sobre la Misa tradicional. (korazym.org.,17/11/07).
Por eso el Artillero considera
conveniente reproducir en su
integridad la entrevista concedida
por la Dra. Alice Von Hildebrand a
The Latin Mass en 2001,
(tomada de
Christian Order en marzo de
2007)
que se publicó en los tres números
anteriores. También lo hace a pedido
de varios lectores, a fin de
facilitar la mejor comprensión de
sus gravísimas afirmaciones,
especialmente las relacionadas con
el “carácter herético” de algunas
declaraciones del Vaticano II.
Bienvenido sea el paso que significó
el Motu Propio, que encontrará
adecuado correlato únicamente
en la discusión teológica sobre
algunos textos conciliares. (v.g.
Dignitatis humanae, Nostra aetate y
Unitatis redintegratio) |
TLM: ¿Cuándo
comenzó Ud. a percibir que algo andaba mal en la
Iglesia?
“En Febrero de 1965 estábamos con mi marido
en Florencia, aprovechando el año sabático.
Dietrich estaba leyendo un libro y de pronto lo
escuché sollozar. Como tenía problemas
cardíacos, pensé que algo andaba mal y corrí
para ver qué pasaba. Lo encontré con los ojos
llorosos y con una revista en la mano. Le
pregunté que pasaba y me dijo que acababa de
leer un artículo que para él era prueba de que
el diablo había entrado en la Iglesia. Debo
decir que mi marido ya se había dado cuenta,
muchos años atrás, de que se estaba perdiendo el
sentido de lo sobrenatural, pero que la belleza
y la sacralidad de la liturgia tridentina habían
ocultado el fenómeno. por lo menos hasta el
Concilio.
Además, tenía
en claro que después de la condenación de San
Pío X, los
modernistas habían pasado a la clandestinidad,
adoptando técnicas mucho más sutiles de
infiltración. Sobre este asunto, escribió The
Devastated Vineyard, (La Viña devastada),
señalando que el Vaticano II había sido como un
huracán para la Iglesia.(1)
Con la pérdida
del sentido de lo sobrenatural, también se
perdió la necesidad del sacrificio
El Vaticano II
provocó que muchos obispos y sacerdotes dijeran
que la Iglesia tenía que adaptarse al mundo.
Grandes Papas como San Pío X afirmaban
exactamente lo contrario: el mundo debía
adaptarse a la Iglesia.
TLM: ¿Entonces Ud. cree
que la acelerada pérdida del sentido de lo
sobrenatural no es un accidente en la historia?
De ninguna manera y mi marido opinaba igual
que yo: en la Iglesia se había verificado,
durante la mayor parte del siglo XX, una
infiltración sistemática de los enemigos
diabólicos. El era optimista por naturaleza,
pero durante los últimos años de su vida, a
veces la tristeza lo consumía: “Han
destruido la Santa Esposa de Cristo”,solía
repetir, refiriéndose a “la abominación del
lugar santo”, de que habla el profeta Daniel.
El
Papa Pío XII lo denominaba a su marido como el
Doctor de la Iglesia en el siglo XX. Con ese
título ¿no podía tener acceso al Papa Pablo VI
para expresarle sus temores?
Fue lo que hizo. Nunca olvidaré la audiencia
privada que tuvimos con
Pablo VI, el 21 de junio de 1965, poco
antes de que terminase el Concilio. El Papa nos
recibió de pie y en cuanto
mi marido empezó a
suplicarle que condenase las herejías que
desembozadamente se manifestaban, lo
interrumpió bruscamente, diciéndole “¡Escríbalo,
escríbalo!”. Pocos momentos después, mi marido,
por segunda vez, le insistió sobre la gravedad
de la situación, recibiendo la misma respuesta.
El Papa estaba sumamente incómodo y pocos
minutos después hizo un gesto a su secretario,
el P.Capovilla, para que nos trajese rosarios y
medallas, señal de que la audiencia había
finalizado.
Cunado volvimos
a Florencia, mi marido escribió un largo
documento -aún no publicado- que fue entregado a
Pablo VI en septiembre de 1965, el día anterior
a la última sesión del Concilio. Releyéndolo
cuidadosamente, le dijo a su sobrino Dieter
Settler, entonces embajador alemán ante la Santa
Sede, que el documento era “un poco duro”. Razón
no le faltaba: había
pedido una clara y completa condenación de todas
las declaraciones conciliares heréticas.
TLM: ¿Supongo
que Ud. se dará cuenta, de que al hablar de
infiltración, muchos pondrán los ojos en blanco,
exasperados, diciendo ¡No queremos oír hablar de
conspiraciones!
Yo solamente puedo hablarle de lo que
conozco. Es de público conocimiento, for
ejemplo, que Bella Dodd,
la ex comunista reconvertida al catolicismo, se
refirió expresamente a la infiltración comunista
en los Seminarios.
Ella nos contó que cuando era miembro activo del
Partido, tenía frecuentes contactos con no menos
de cuatro cardenales que trabajaban para el
comunismo.**
Muchas veces
escuché decir en los EE.UU. que “los europeos
olíamos conspiraciones en todas partes”. Pero
desde el principio, el Maligno ha conspirado
contra la Iglesia, tratando de destruir la Misa
y de socavar la creencia en la Presencia Real de
Nuestro Señor en la Eucaristía. Este es un hecho
innegable y absolutamente real.
Por otra parte,
como europea que soy, tentada estoy de decir que
muchos estadounidenses son ingenuos y como no
saben mucho de historia, suelen ser prisioneros
de la ilusión. Rousseau tuvo mucha influencia en
este país. Cuando en la Última Cena Nuestro
Señor les dijo a sus apóstoles que uno de ellos
lo traicionaría, se quedaron desconcertados.
Judas había hecho su juego tan arteramente que
nadie sospechaba de él.
Un conspirador astuto y avezado sabe como
ocultar sus propósitos, dando muestras
exteriores de ortodoxia.
*La Doctora
Alice Jourdain
(Bruselas 1923- ) fue alumna y luego esposa de
Dietrich von Hildebrand (1899-1977),uno de los
mayores pensadores católicos del siglo pasado,
autor de textos fundamentales como Etica
cristiana, Santidad y eficacia en el mundo y El
corazón (un análisis de la afectividad humana y
divina) y dos muy importantes sobre el
modernismo: El caballo de Troya en la Iglesia
de Dios y la ya mencionada The Devastated
Vineyard, esta última nunca editada en
castellano. El matrimonio escribió juntamente
varias obras, entre ellas una admirable: El
arte de vivir. El reportaje fue publicado en
The Latin Mass Magazine (Verano de 2001)
y reproducido en Marzo de 2007 por Christian
Order.
** Bella Dodd
(1904-1964), nacida en Italia, se llamaba María
Asunta Isabella Visono. Abogada, fue una de las
principales dirigentes del Partido Comunista de
los EE.UU., del cual fue expulsada en 1949. Se
reconvirtió al catolicismo en 1951 y luego
escribió School of Darkness.
TLM: Antes
de que yo comenzase con mis preguntas, Ud. me
habló de dos libros muy importantes. ¿Esas obras
tenían documentación probatoria de la
infiltración comunista en la Iglesia?
Los libros que le mencioné aparecieron en
1998 y en 2000, y fueron escritos por el
Padre Luigi Villa,
de la diócesis de Brescia, quien,
por expreso pedido
del Padre Pío
había dedicado muchos años de su vida a
investigar la
posible infiltración de masones y comunistas
en la Iglesia. Mi marido y yo lo conocimos al
Padre Villa en los años 60.El insistía que
ninguna afirmación suya carecía de fundamentos.
Cuando apareció
¿Pablo VI, Beato? Lo envió a cada uno de los
obispos italianos.
Ninguno acusó recibo
ni refutó nada de lo que se decía.
En
ese libro el Padre Villa se refiere a
las desobediencias
de Monseñor Montini ,entonces
Subsecretario de Estado,
respecto a las
directivas de Pío XII, que tenía clara
conciencia de la amenaza comunista y había
prohibido que los funcionarios del Vaticano
anduviesen en tratos con Moscú. Para su
consternación, se enteró a través del Obispo de
Upsala (Suecia)que
sus órdenes estrictas no habían sido acatadas.
Al principio, se resistía a creerlo ,hasta que
le llevaron pruebas concluyentes de que Montini mantenía frecuentes contactos con
los soviéticos.
Entretanto, Pio
XII, siguiendo la conducta de Pío XI, había
enviado clandestinamente a sacerdotes para que
reconfortasen a los católicos que vivían tras la
Cortina de Hierro. Esos sacerdotes fueron
sistemáticamente detenidos, torturados y
asesinados. A otros los mandaron a los gulags.
Fortuitamente se
descubrió que en el Vaticano había un topo: se
trataba del jesuita Alighiero Tondi, un estrecho
consejero de Montini. Tondi era un
agente de Stalin
y su misión era mantenerlo informado acerca de
los sacerdotes que eran enviados a la Unión
Soviética.
TLM: Pero Ud. debe
agregar a esto el
pésimo trato que Pablo VI le dispensó al
Cardenal Mindszenty, quien no quería
dejar salir de Hungría, después de la revuelta
de 1956.El Papa le mandó abandonar
Budapest, pero el Cardenal se refugió en la
embajada de los EE.UU. El Papa le había
solemnemente prometido que conservaría el
Primado de Hungría hasta su muerte. Cuando el
Cardenal, que había sido torturado por los
comunistas, llegó a Roma, Pablo VI lo abrazó
cálidamente, pero acto seguido lo hizo marchar a
Viena. Al poco tiempo, el Cardenal fue depuesto
y se nombró en su lugar a otro, que contaba con
el beneplácito del Partido Comunista húngaro.
Cuando el Cardenal
murió ningún
representante de la Iglesia concurrió al funeral,
con enorme tristeza de los fieles.
Más tarde,
el Padre Villa
recibió otra prueba de la infiltración,
suministrada por el entonces Arzobispo (luego
Cardenal) Gagnon, a quien Pablo VI le había
encomendado una investigación sobre la
infiltración dentro de la Iglesia.
El
Cardenal armó un
voluminoso dossier, con muchos datos
preocupantes y pidió
audiencia con el Pontífice para
entregárselo en mano,
petición que le fue
denegada. El
Papa le hizo llegar un aviso de que el documento
estaría depositado en las oficinas de la
Congregación para el Clero,
bajo doble llave.
Pero al día siguiente la cerradura fue violada y
el dossier desapareció. El asunto se
trató de tapar, pero la prensa se enteró del
robo. Monseñor Gagnon,
que se había guardado una copia, solicitó una
audiencia privada con Pablo VI, pero no se la
concedió.
TLM: Entonces
decidió volverse al Canadá. Más tarde, Juan
Pablo II lo hizo venir a Roma y le otorgó el
capelo.
TLM: ¿Por qué el Padre
Villa escribió esos libros criticando a Pablo VI?
Debo decirle que el Padre era reticente en
cuanto a su publicación.
Pero cuando varios
obispos impulsaron la beatificación de Pablo VI,
se decidió a imprimirlos. En definitiva,
lo que hizo fue nada más que seguir las
instrucciones de la Curia, acerca de que
cualquier hecho negativo respecto de los
candidatos a la beatificación debía ser
entregado a la Congregación respectiva.
Teniendo
en cuenta el tumultuoso pontificado
de Pablo VI, y
las confusas señales
que había dado, refiriéndose a que el “el humo
de Satanás había entrado en la Iglesia”,pero
negándose a condenar
oficialmente las herejías; la encíclica
Humanae Vitae -honra de su pontificad - aunque
eludió su
proclamación ex cátedra; la promulgación
del Credo del Pueblo de Dios en 1968, pero
sin ordenar su
carácter obligatorio para todos los
católicos; su
desobediencia a las órdenes de Pío XII
sobre no mantener contacto alguno con Moscú y su
política de apaciguamiento con el gobierno de
Hungría, renegando
de la solemne promesa hecha al
Cardenal Mindszenty;
su desconsideración
hacia la
persona del bendito
Cardenal Slipyj,
que había pasado 17 años en el gulag y
finalmente su actitud con el Cardenal Gagnon. En
fin, todo esto hablaba contra la beatificación
de Pablo VI y el libro del Padre Villa
finalmente apareció con el titulo de
Paolo Sesto, Mesto
(Pablo Sexto, el amargo).
Pero el Padre
pagó un precio muy duro por sus dos libros,
ocasionándole enormes aflicciones. Es que el
común de los católicos tiene veneración
ilimitada por el Pontífice. Pero
Nuestro Señor nunca
prometió que tendríamos Papas perfectos.
Lo que sí prometió
es que las puertas del infierno no prevalecerían.
No olvidemos que, a pesar de que hubo Papas
malísimos, y algunos muy mediocres, la Iglesia
fue bendecida con grandes Pontífices. Ocho de
ellos fueron canonizados y varios beatificados,
historia triunfal que no tiene parangón con lo
que sucedió en el plano secular.
TLM:
¿Entonces Ud. tiene un juicio negativo sobre el
pontificado de Pablo VI?
Sólo Dios puede
juzgar a Pablo VI.
Pero no puede negarse que
su pontificado fue
complicado y trágico. Bajo su gobierno
fueron introducidos muchísimos más cambios en
quince años, que durante todos los siglos
anteriores. Por cierto que
es sumamente
intranquilizador leer los testimonios de ex
comunistas como Bella Dodd y estudiar
los documentos
masónicos del siglo XIX, y también por
ejemplo, conocer las actividades de personajes
como el cura
apóstata Paul Roca (1). Allí se puede
apreciar en toda su amplitud cómo se cumplieron
los objetivos de las logias:
el éxodo de
sacerdotes y monjas después del Vaticano II,la
aparición de una corriente teológica con graves
errores nunca censurados, el feminismo, la
presión para que se abandone el celibato, la
inmoralidad en los clérigos, las liturgias
blasfemas.
Y
desde luego están los
tremendos y
radicales cambios hechos en la sacra liturgia,
junto con un
ecumenismo absolutamente falaz.
Nadie más que
un ciego puede negar que los
planes del Enemigo
se cumplieran. Muchos se sorprendieron
por lo que hizo Hitler, aunque no mi marido, que
había leído concienzudamente “Mein Kampf”. Pero
los dirigentes prefirieron no creer…
Pero por más
grave que sea la situación, ningún católico fiel
debe olvidar que
Nuestro Señor prometió permanecer junto con su
Iglesia hasta el fin de los tiempos. No
viene mal una pequeña meditación sobre el relato
evangélico, cuando Cristo dormía, mientras la
barca de los Apóstoles zozobraba, en medio de
una feroz tormenta. Aterrorizados los
despertaron y Él les reprochó: ”¿Por qué teméis,
hombres de poca fe?” e hizo que la tempestad
cesase de inmediato.
TLM: Me doy cuenta por
sus referencias sobre el ecumenismo que a Ud. no
le cae nada bien la actitud de “convergencia”
con otras religiones. Antes la Iglesia tenía la
misión de convertir…
Le cuento algo
que le causó enorme tristeza a mi marido .En
1946, enseñando en Fordham, se presentó en una
de sus clases, un estudiante judío que
había servido en la Armada durante la guerra. Al
terminar la exposición lo abordó a Dietrich
para decirle que él
había vivido una singular experiencia en el
Pacífico,
contemplando una bellísima puesta de sol.
Ese espectáculo lo llevó a
preguntarse sobre
Dios. El muchacho venía de Columbia,
donde no encontró la respuesta a su inquietud.
Pero
un amigo le habló de Fordham y del profesor
Dietrich von Hildebrand,
a cuyas clases empezó a concurrir regularmente.
Al finalizar una de ellas, salieron a caminar
juntos y durante el paseo
le contó a Dietrich
que muchos profesores, al enterarse de que era
judío, le aseguraron que no tratarían de
convertirlo. Mi marido, estupefacto,
detuvo la marcha y le preguntó:”¿Qué le
dijeron?”. Al repetirle la anécdota,
Dietrich le aseguró
que “iría hasta el fin del mundo, con tal
de que Ud.se haga católico”. Al poco tiempo,
el estudiante judío
se convirtió e ingresó a la Cartuja,
ordenándose luego de sacerdote.
TLM: Ud. pasó muchos
años enseñando en Hunter College.
Así es y le
podría hablar de las numerosas estudiantes que
se convirtieron, atraídos por la Verdad. Pero no
fui yo quien lo hizo: simplemente recé para ser
un instrumento de Dios y para que Él me ayudase
a vivir según el Evangelio. Eso únicamente se
obtiene con la gracia de Dios.
Lamentablemente, algunos católicos que se dicen
tradicionalistas, creen que la Verdad es una
posesión personal y no un don de Dios.
Semejante actitud los puede conducir al
fanatismo. La Fe no es un juguete intelectual ni
tampoco una partida de ajedrez.
Deberían procurar
cambiar de postura, sobre todo si
defienden la Misa tradicional. Lo que todos
debemos intentar es
tratar de ser santos.
TLM: Entonces, ¿Ud.
cree que esa es la única solución para remediar
la crisis de la Iglesia?
No
olvidemos que estamos luchando no sólo contra la
sangre y la carne,
sino también contra
“Potestades y Principados”. Esto debería
servir para causarnos temor y hacernos redoblar
el esfuerzo para ser santos, y
rezar
para que la Esposa de Cristo salga de esta
crisis espantosa más radiante que nunca.
La respuesta
católica es siempre la misma:
fidelidad absoluta a
las enseñanzas de las Iglesia y a la Santa Sede,
recepción frecuente
de los Sacramentos, rezo del Rosario, lectura
espiritual diaria y agradecer el que hayamos
recibido la plenitud de la Revelación.
“Gaudete, iterum dico vobis, Gaudete”.
TLM: No
quiero terminar la entrevista sin conocer su
opinión sobre la Misa en
latín. ¿Sería su restablecimiento una
solución para la crisis?
El
diablo odia la misa tradicional,
y la odia porque es
la más perfecta reformulación de todas las
enseñanzas de la Iglesia. Y sobre esto
Dietrich me dio la clave. Porque,
mucho antes del
Concilio, los sacerdotes que la rezaban ya
habían perdido el sentido de lo sobrenatural y
trascendente. La recitaban rapidísimo,
casi murmurando y sin articular bien las
palabras, señal de que intentaban introducir en
la Misa su propia secularización (2).
La
misa tradicional no permitía irreverencia alguna
y por eso muchos malos sacerdotes se alegraron
cuando se la dejó de celebrar.
(Christian
Order, marzo de 2007)
Notas
catapúltica:
1 - Paul Roca (1830-1893).Nacido
en Francia, se ordenó sacerdote en 1858 y
comenzó a vincularse con círculos gnósticos y
esotéricos. Pese a la suspensión de Roma, siguió
presentándose como si aun fuese miembro de la
Iglesia, anunciando el advenimiento de una
“divina sinarquía”, bajo la autoridad de un Papa
convertido al “cristianismo científico y
socialista”. (Cfr. La masonería dentro de la
Iglesia, Cruz y Fierro Editores, Buenos
Aires, 1968, pp.39-59. El prólogo es de Julio
Meinvielle).
2 - Dietrich
von Hildebrand ya había detectado ese espíritu
de secularización, que lo llevó a publicar en
1953 The New Tower of Babel, obra nunca
traducida al castellano. |
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01/12/2007 - SOBRE EL HOMBRE FRENÉTICO (un texto
de O. F. Bollnow)
¿Cuándo se
encuentre un hombre en un estado tal que haya
que meterle en razón?. Al hombre que está en tal
estado suele llamársele furioso o frenético. Es
el hombre que, dominado por sus afectos y mero
juguete de los poderes irracionales, ha perdido
toda mesura. La ira, la rabia, la terquedad, y
también el orgullo desmedido y la insolente y
desaforada presunción son formas de ese frenesí.
A todas ellas les es común el sinsentido
destructor de su acción.
Con tales hombres
no se puede hablar. No escucha la voz de la
razón que, desde otros hombres, grita a su oído.
Todos los intentos de apaciguarlos no consiguen
más que aguijonearlos. Toda advertencia les da
de lado. Y esto es quizá el rasgo más
característico: el impedimento de todo contacto
con el entorno. El frenético ha perdido su
relación natural con su entorno. Se ha aislado y
está como encerrado en la voluntaria soledad de
su afecto. Se aferra tercamente a su opinión, a
su propósito, etc. aunque haya visto hace tiempo
su sinsentido. El irrazonable es testarudo y
esta testarudez, separación del sentido
universal y abarcador, es también expresión de
pérdida de contacto con el entorno.
Nota
catapúltica: El filósofo alemán
Otto Friedrich Bollnow
(1903-1991), es autor de una vasta y sugerente
obra. La cita corresponde a Esencia y cambios
de las virtudes, Revista de Occidente,
Madrid, 1960, pp.180-181. Parece como si el Dr.
Bollnow hubiese conocido a los dos K… |
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05/01/2008 - SOBRE EL ROCK
…la
música rock apela solamente al deseo sexual…no
al amor, no al eros, sino al deseo sexual
rudimentario y sin cultivar. Identifica las
primeras emanaciones de la emergente sensualidad
de los niños, y se dirige a ellas seriamente,
estimulándolas y legitimándolas, no como
pequeños capullos que sea preciso cuidar
esmeradamente para que se conviertan en
esplendorosas flores, sino como si fueran ya lo
definitivo. El rock da en bandeja de plata a los
niños, con toda la autoridad pública de la
industria del espectáculo, todo lo que sus
padres solían decirles que debían esperar hasta
que fuesen mayores y comprendiesen para
obtenerlo.
Los
jóvenes saben que el rock tiene el ritmo de la
cópula sexual. Por eso es que el Bolero de Ravel
es la única pieza de música clásica que
generalmente conocen y que les gusta. En alianza
con algún arte auténtico y con mucho seudoarte,
una industria enorme cultiva la afición al
estado orgiástico de sensaciones relacionadas
con el sexo, suministrando un constante torrente
de nuevo material para apetitos voraces.
Jamás hubo una forma artística dirigida tan
exclusivamente a los niños.
Contribuyendo a
la excitación y al compás de la música
catártica, las letras de las canciones celebran
el amor romántico, así como atracciones
polimorfas de diverso tipo, y las fortalecen
contra el ridículo y la vergüenza tradicionales.
Las palabras
describen implícita y explícitamente actos
corporales
que satisfacen el deseo sexual -y los tratan
como su única culminación natural y rutinaria- a
niños que aún no tienen la más mínima idea del
amor, el matrimonio o la familia. Esto
ejerce un efecto mucho más poderoso que la
pornografía sobre los jóvenes, que no necesitan
ver a otros hacer obscenamente lo que tan
fácilmente pueden ellos hacer por sí mismos. El
voyeurismo es para viejos pervertidos; las
relaciones sexuales activas son para los
jóvenes. Todo lo que necesitan es estímulo.
(Allan Bloom:
El cierre de la mente moderna, Plaza &
Janes Editores S.A., Barcelona 1989, pp.75-76) |
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19/01/2008 - UN TEXTO DE ROBERTO DE
Laferrère:
DEFECTO DE CULTURA FILOSÓFICA Y
DESORDEN INTELECTUAL
Nuestros
filósofos políticos, cuyo pensamiento presidió
la formación de nuestra nacionalidad,
confundieron en todo tiempo progreso con
sustitución. Ese
error, de origen intelectual, que está en la
raíz del liberalismo filosófico, incapaz siempre
de distinguir la substancia de sus cualidades,
ha sido funesto para el desarrollo de la
personalidad nacional, condenándola a no
desarrollarse, precisamente, y a dispersarse en
la nada.
La noción de
progreso es inseparable de la de
perfeccionamiento. Sólo progresa lo que se
perfecciona en el sentido de lo que ya es. No se
concibe un progreso que opere en el vacío, en la
nada o en lo inestable por naturaleza propia;
no se concibe el
progreso sin una substancia perdurable que sea
su materia de operación.
Su trasmutación es, precisamente, lo contrario:
es la conversión de una cosa en otra distinta.
Rivadavia,
Alberdi y Sarmiento, los tres ases de la
mentalidad política argentina, maestros de cien
discípulos que fueron caudillos y gobernantes,
no se propusieron nunca el progreso del pueblo
argentino, sino lo contrario: su transformación
en otro pueblo distinto que, desde luego, no
habría de ser español ,ni hispano, ni latino, ni
nada concreto o verdadero, con tradiciones
,costumbres, ideales y alma propia. Lo que
concibieron, a modo de esto, era una imagen
confusa, sin caracteres nacionales claros, que
para ellos representaba la esencia vaga de “lo
europeo”, como si lo europeo se hubiera dado o
hubiera podido darse descaracterizado y amorfo
en alguna parte de Europa.
Lo
nuestro, en cambio, lo español o, si se quiere,
lo hispano, es decir lo profundamente europeo
que había en nosotros y que era todo nosotros,
eso fue desdeñado y condenado a muerte.
Las ideas francesas, inglesas o yanquis de los
hombres de las luces no les permitían aceptar la
realidad como era y quisieron transformarla en
otra distinta y opuesta, utilizando, para esa
operación de taumaturgos realizada por enanos,
nada más que las ideas yanquis, inglesas y
francesas que ninguno de los tres había
comprendido, y cuyos padres originales jamás se
hubieran propuesto destruir una nacionalidad
para crear otra en su lugar.
Nada
tan pernicioso como este error inicial, que no
destruyó el ser nacional en su principio, porque
las guerras civiles lo impidieron. El espíritu
nacional sería susceptible de desarrollos
culturales superiores si permaneciese leal a sí
mismo. No podía consistir en otra cosa la
cultura propia. El
progreso supone tradición en la que tiene su
punto de partida. Los unitarios adoptaron como
punto de partida el odio a la tradición
española, porque era nuestra. Así rompieron el
proceso de perfeccionamiento en que consiste
toda obra de cultura auténtica. La noción
del progreso, aplicada a la historia, sólo
expresa el desarrollo armónico de un ser, de un
pueblo que viene del pasado y cuya misión en el
mundo consiste en transmitir su propia sustancia
biológica y espiritual a través de las
generaciones. Pero los unitarios querían
cambiarlo todo por odio a España, lo que pronto
se convirtió en odio al país propio.
(Cfr.
Carlos Ibarguren (h),
Roberto de Laferrère, Periodismo - Política
-Historia, EUDEBA, Bs. As., 1970,
pp.129-130).
Nota
catapúltica: el gran escritor y notable
periodista Roberto de Laferrère (1900-1963) fue
uno de los fundadores -junto con Rodolfo
Irazusta- de la Liga Republicana, la primera
organización del nacionalismo argentino. Tuvo
la inmensa fortuna de no pasar por las aulas
universitarias, que pueden arruinar las mejores
inteligencias. No le bastó más que la biblioteca
de su padre Gregorio y la guía de su hermano
Alfonso -también estupendo prosista- para
convertirse en una persona auténticamente culta.
Laferrère actuó como hombre de pensamiento y
pensó como hombre de acción, según la consigna
bergsoniana. El texto que reproducimos, donde el
rigor conceptual corre parejo con el
deslumbrante estilo, es de capital importancia
para entender los rumbos de nuestra historia.
La biografía de
Ibarguren tiene como anexos dos de sus trabajos
fundamentales: El nacionalismo de Rosas (Una
respuesta al Dr. Jorge Lavalle Cobo) y El
contenido político del Martín Fierro.
Lamentablemente
sus prematuros problemas de salud le impidieron
concluir su Historia del pueblo argentino,
de la cual sólo escribió la introducción.
No resisto a
transcribir el extraordinario consejo que le dio
en 1917 su hermano Alfonso y que marcó para
siempre la existencia de Roberto de Laferrère:
Tú que inicias el camino de la
vida, reacciona contra el ejemplo condenable de
los hombres importantes que no tienen opiniones
y de los hombres inteligentes que no tienen
altivez. Subordina todas tus ambiciones a la
ambición de merecer respeto. No reconozcas
jerarquía más alta que la del carácter, ni mayor
premio que la satisfacción de ti mismo y la
solidaridad de los propios, ni desdicha más
honda que la de quien abandona sus filas,
llorando como Boabdil, por no haber sabido
defenderlas. Que nunca tu actitud ofrezca
equívocos, que siempre se sepa dónde vas a
estar. Y ante todas las circunstancias, adversas
o propicias, sé apasionado, parcial,
insobornable y militante.
Ojala que estas
normas de vida se hagan carne en la juventud
argentina de hoy. |
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26/01/2008 - UNA PROFECÍA DE BELLOC
El
mahometismo…como cuerpo de doctrina sigue
floreciendo, a pesar de haber pasado mil
trescientos años desde sus primeras grandes
victorias en Siria. Las causas de esta vitalidad
son muy difíciles de explorar, y tal vez no
puedan ser alcanzadas. En cuanto a mí, me
inclino en cierto modo al hecho de que, siendo
el mahometismo un asunto del exterior, una
herejía que no surgió dentro del cuerpo de la
comunidad cristiana sino más allá de sus
fronteras, siempre poseyó una reserva de
hombres, de recién llegados que reviven sus
energías. Pero esto no puede ser una explicación
completa; tal vez el mahometismo habría muerto,
a no ser por las sucesivas oleadas de reclutas
del desierto y del Asia; tal vez habría muerto
si el califato de Bagdad se hubiera visto
librado, por ejemplo ,a sí mismo y si los moros
de Occidente no hubieran podido obtener
continuos refuerzos del Mediodía.
Cualquiera sea el
motivo, el mahometismo ha sobrevivido, y
sobrevivido vigorosamente. El esfuerzo misionero
no ha tenido en él efecto apreciable. Aún
convierte grandes cantidades de salvajes
paganos. Hasta atrae de tiempo en tiempo a algún
excéntrico europeo que se une a él. Pero el
mahometano nunca se convierte en católico.
Ningún fragmento del islamismo abandona jamás su
libro sagrado, su código de moral, su sistema
organizado de plegaria, su sencilla doctrina.
En vista de esto,
cualquiera que tenga conocimientos de historia
puede preguntarse si no veremos en el futuro un
resurgimiento del poder mahometano y la
reanudación de la antigua presión del Islam
contra la cristiandad.
Hilaire
Belloc: Las
grandes herejías, La Espiga de Oro, Buenos
Aires,1946, pp.115-116.
Nota
catapúltica: Se ve que los ecumenistas nunca
leyeron al viejo y querido Hilario, quien hoy
sería tildado de “preconciliar”, “integrista”, “lefebvrista”,
“fundamentalista”,etc. etc. etc. |
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02/02/2008 - CASEROS
Para justificar
su actitud ante Rosas, Urquiza se apoyó en
razones constitucionales. Pero las provincias no
podían comprender cómo era posible que para
organizar el país, el gobernador entrerriano
tuviera que aliarse al Brasil y al gobierno de
Montevideo. Proceder de esta manera en momentos
en que estaba muy alta la tensión rioplatense,
daba pie para suponer que se había perdido la
razón. Así se explica que Urquiza fuera tratado
con los más duros epítetos-aun a riesgo de la
exageración-, porque promovía una guerra
fratricida en momento en que el Imperio reunía
elementos bélicos contra la Confederación…
En Caseros quedó
sepultado un poder que tan hábil, tesonera y
eficazmente había combatido enemigos de dentro y
de fuera. El Imperio (del Brasil) ya era dueño
de la situación rioplatense: primero Uruguay y
ahora Argentina…
El triunfo
obtenido en los campos de Morón aseguró al
Brasil su preponderancia en el continente
sudamericano…
En consecuencia,
Caseros no puede presentarse como la culminación
de una lucha interna que puso fin a la vigencia
política de un hombre y del régimen que habían
prevalecido durante veinte años.
Independientemente de la apreciación intelectual
que nos pueda suscitar tanto Rosas como sus
amigos o sus enemigos, debemos comprender y
tener la conciencia histórica de que, desde
1851, el país estaba envuelto en una guerra con
Brasil, de extraordinarias repercusiones para el
destino nacional argentino y rioplatense, y que
se perdió con el pronunciamiento de Urquiza y la
derrota de la Confederación.
Pedro Santos
Martínez, Discurso de incorporación a la
Academia Nacional de la Historia. (Citado por Cayetano Bruno en Historia Argentina, Editorial
Don Bosco, Buenos Aires, 1977, p.524)
Nota catapúltica:
el Imperio del Brasil aprovechó la derrota de
Caseros para consolidar un proyecto político de
vastos alcances,-sustentado por una diplomacia
que debería darnos envidia- y cuyas
consecuencias están a simple vista. En el siglo
XIX, en un mundo de reducidas dimensiones,
podría tener explicación nuestra dependencia
comercial con Gran Bretaña. Hoy, con un mundo
“globalizado” nuestra dependencia comercial
respecto del Brasil es mucho mayor de la que
teníamos con el otro Imperio. Forzando los
términos, quizás podría decirse que somos una
colonia brasilera. En efecto ¿cuántas empresas
argentinas de primera línea han pasado a manos
de nuestros vecinos? Por otra parte, con una
diplomacia ejecutada por amateurs y con una
dirigencia económica atenta siempre a su propio
e inmediato beneficio, tampoco se podía esperar
mucho. Hasta hace sesenta años, la Argentina
tenía un peso político mayor o igual al del
Brasil y nosotros, en cambio, damos pena. Y
todo por nuestras culpas; Caseros fue una de las
más grandes. Hay que ser tonto para no
reconocerlo.
(La imagen es de
la bandera imperial del Brasil)
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09/02/2008 - ¡MALHAYA,
ARGENTINA!
La
ocupación de un peluquero o de un fabricante de
bujías de sebo -por no hablar de otra serie de
empleos serviles- no puede honrar a ninguna
persona. Tales grupos de hombres no deben ser
oprimidos por el Estado; pero es éste quien
sufre opresión si, siendo como ellos lo son, se
les permite gobernar directa o indirectamente.
Al hacer esto podéis creer que estáis haciendo
la guerra a los prejuicios, pero a quien se la
hacéis es a la naturaleza.
No creo, querido amigo, que seáis un espíritu
sofístico y capcioso ni de una estupidez tal que
necesite un detalle explícito de los correctivos
y excepciones que hay que hacer a cada
observación o sentimiento general, ya que la
razón presume que hay que incluirlas en todas
las proposiciones generales que hacen las
personas razonables. No imaginéis que quiero
limitar el poder, la autoridad y la discusión a
la sangre y a los nombres y a los títulos. No
hay otra cualificación para el gobierno sino la
virtud y la sabiduría, demostrada o presunta.
Donde quiera que se encuentren, tienen en
cualquier estado, condición, profesión o empleo
el pasaporte celeste para ocupar un lugar y
tener un honor humano. ¡Malhaya el país que loca
y despiadadamente rechaza el servicio de los
talentos y las virtudes civiles, militares o
religiosas y que condena a la oscuridad todo lo
que se forma para difundir alrededor de un
Estado lustre y gloria!
¡Malhaya aquel país que, pasando al extremo
opuesto, considera una educación baja, una
opinión estrecha y mezquina y una ocupación
sórdida y mercenaria como título preferible de
mando!
(Edmund Burke,
Reflexiones sobre la Revolución Francesa en
Textos Políticos, Fondo de Cultura Económica,
México, 1942, pp.83-84)
Nota catapúltica: El ilustre irlandés estaba
dolido porque un “peluquero” o un “fabricante de
bujías de sebo” -ambas profesiones “sórdidas y
mercenarias” para la gente de la época-pudiesen
ocupar cargos de gobierno. ¡Menos mal que no le
tocó vivir en la Argentina de hoy, cuando un
usurero sórdido y mercenario como el que más,
funge de Presidente! Conozco además varios
peluqueros de tanto sentido común, que los
votaría como “bien mayor”… |
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16/02/2008 - SIGNIFICACION DE LA PLEGARIA
En
casi todas las épocas, los hombres de Occidente
han orado. La Ciudad era antiguamente sobre todo
una institución religiosa. Los romanos elevaban
continuamente templos por doquier. Nuestros
antepasados de la Edad Media cubrieron de
catedrales y de capillas góticas el suelo de la
Cristiandad. Aún en nuestros días por sobre la
altura de todos los pueblos se destaca un
campanario. Por medio de las iglesias, así como
mediante universidades y fábricas, los
peregrinos llegados de Europa instauraron en el
nuevo mundo la civilización de Occidente. En el
curso de nuestra historia, orar ha sido una
necesidad tan elemental como la de trabajar, la
de conquistar, construir o amar. En realidad,
el sentido de lo sagrado parece ser un impulso
venido de lo más profundo de nuestra naturaleza,
una actividad fundamental. Sus variaciones en un
grupo humano están casi siempre unidas a la de
otras actividades básicas, el sentido moral y el
carácter, y a veces el sentido de lo bello. Esta
parte tan importante de nosotros es la que hemos
permitido que se atrofiara y a menudo que
desapareciera.
Es preciso
recordar que el hombre no puede sin peligro
conducirse según le plazca a su fantasía. Para
salir triunfante, la vida debe ser llevada de
acuerdo a las reglas invariables que dependen de
su estructura misma. Corremos un grave riesgo
cuando dejamos morir en nosotros alguna
capacidad fundamental, sea ésta de orden físico,
intelectual o espiritual. Por ejemplo, la falta
de desarrollo de los músculos, del intelecto y
de las capacidades no racionales del espíritu de
algunos intelectuales es tan desastrosa como la
atrofia de la inteligencia y del sentido moral
en ciertos atletas. Existen innumerables
ejemplos de familias prolíficas y fuertes que no
produjeron más que degenerados o se extinguieron
tras la desaparición de las creencias
ancestrales y del culto del honor. Hemos
aprendido, merced a una dura experiencia, que la
pérdida del sentido moral y del sentido de lo
sagrado en la mayoría de los elementos activos
de una nación, conduce a la decadencia de esa
nación y a la sujeción al extranjero.
Alexis Carrel,
El poder de la plegaria, Leviatán, Buenos
Aires, 1981, pp. 53-55 |
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08/03/2008 -
Un texto
decisivo de José de Maistre
Hay
en la Revolución francesa un carácter satánico
que la distingue de todo cuanto se ha visto, y
quizá de todo cuanto se verá.
Recordemos las
grandes sesiones, el discurso de Robespierre
contra el sacerdocio, la apostasía solemne de
los sacerdotes, la profanación de los objetos de
culto, la fundación de la diosa Razón, y aquella
multitud de escenas inauditas, en las que la
provincias procuraban sobrepasar a París: todo
esto se sale del círculo habitual de los
crímenes y parece pertenecer a otro mundo. Y aún
en estos momentos en que la Revolución ha
retrocedido en mucho, los grandes excesos han
desaparecido, pero subsisten los principios. ¿No
han pronunciado los legisladores (para emplear
sus propios términos), esta frase, aislada en la
Historia: “La Nación no sostiene ningún culto”?
Parece que hay hombres, en la época en que
vivimos, que se elevan a veces hasta el odio a
la divinidad; pero no era tan necesaria esta
espantosa proeza para inutilizar los mayores
esfuerzos constituyentes; el solo olvido del
gran Ser (no digo ya el desprecio) es un anatema
irrevocable sobre los actos humanos en que
recae. Todas las instituciones imaginables, si
no reposan sobre una idea religiosa, son
efímeras. Son fuertes y duraderas en la medida
en que estén divinizadas, si se me permite la
expresión. No sólo la razón humana- o lo que se
llama filosofía sin saber lo que se dice-es
incapaz de de suplir esas bases que se llaman
supersticiones-igualmente sin saber lo que se
dice-, sino que la filosofía es, por el
contrario, una potencia esencialmente
desorganizadora.
(Consideraciones sobre
Francia, Rialp, Madrid,1955,pp.123-124) |
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10/05/2008 - UN
DOCUMENTO OLVIDADO Y SILENCIADO A DESIGNIO
Instrucciones de la Suprema
Congregación del Santo Oficio
al episcopado de todo el
mundo sobre el "Movimiento Ecuménico"
La Iglesia Católica, aunque
no toma parte en los congresos y demás reuniones
ecuménicas, ha seguido, sin embargo, siempre,
como se desprende de muchos documentos
pontificios, y continuará en el futuro siguiendo
con el más vivo interés y favoreciendo con
asiduas plegarlas a Dios todos los esfuerzos que
tiendan a obtener lo que tan en el corazón tuvo
Cristo Nuestro Señor, es decir, que todos
aquellos que creen en El «sean consumados en la
unidad» (San Juan, 17, 23).
Porque ella abraza con
afecto verdaderamente maternal a aquellos que
vuelven a ella como a única Iglesia de Cristo;
por lo cual nunca aprobarán y promoverán
bastante aquellos proyectos y aquellas
iniciativas que, con el consentimiento de la
autoridad eclesiástica, se tomaron y llevaron a
cabo para instruir debidamente en la fe a
quienes están para convertirse o para dar a los
convertidos un más profundo conocimiento de
ella.
Ahora bien, a causa de
acontecimientos externos y de cambios en la
disposición de ánimo pero sobre todo por los
méritos de las oraciones comunes de los fieles,
bajo la inspiración de la gracia del Espíritu
Santo, en muchas partes del mundo ha venido
creciendo de día en día en el corazón de muchas
personas separadas de la Iglesia Católica el
deseo de que todos aquellos que creen en Cristo
Nuestro Señor retornen a la unidad. Lo cual, sin
duda, constituye para los hijos de la verdadera
Iglesia un motivo de santa alegría en el Señor y
juntamente una invitación a ayudar a aquellos
que buscan sinceramente la verdad, pidiendo para
ellos a Dios con insistentes plegarlas la luz y
la fuerza necesarias.
Pero
ciertas tentativas hechas por particulares o por
algunas asociaciones de reconciliar en la
Iglesia Católica a los católicos disidentes, aun
estando inspiradas por óptimas intenciones, no
siempre se fundan sobre rectos principios y aun
cuando en ellos se inspiran no están exentos de
ciertos peligros, como ya ha probado la
experiencia. Por eso
esta Suprema Sagrada Congregación, a la que
incumbe el deber de conservar íntegro y de
defender el depósito de la fe, ha juzgado
oportuno recordar y prescribir cuanto sigue:
l.‑ Puesto que esta Obra de la
unión es, sobre todo, cargo y deber de la
Iglesia, es necesario que los Obispos, a quienes
el Espíritu Santo puso para regir la
Iglesia de Dios (Act. Ap.,
20, 28), se dediquen a ella con un cuidado
particular. Así, pues, no sólo deberán vigilar
con diligencia y eficacia todas estas
actividades, sino promoverlas y dirigirlas con
prudencia, bien para ayudar a aquellos que
buscan la verdad y la verdadera Iglesia, bien
para alejar de los fieles aquellos peligros que
fácilmente se siguen de la acción de dicho
Movimiento Ecuménico.
Por estos
motivos, deben ante todo estar perfectamente al
corriente de todo cuando en sus diócesis
establece y hace el Movimiento.
A este fin designarán sacerdotes idóneos que,
«teniendo presentes la doctrina y las
directrices de la Santa Sede», contenidas, por
ejemplo, en las Encíclicas «Satis
Cognitum»
(Acta
Leonis, XIII, vol. XVI, 1897, pág. 157 y s.),
«Mortalium
animos»
(A. A. B., XX, 1028, pág. 5 y ss.)
y «Mystici
Corporis Christi» (A. A. S., XXXV,
1943, página 193 y ss.),
sigan
atentamente todo cuanto concierne al Movimiento
y den relación de él a los mismos Obispos del
modo y en el tiempo que se establezca.
Con
cuidado particularísimo ejercitarán su
vigilancia sobre las publicaciones que en
cualquier forma sean editadas por católicos
sobre este tema, y
solicitarán la observancia de los sagrados
cánones: «De praevia censura librorum eorumque
prohibitione» (cánones 1384 y ss.). Del mismo
modo procederán respecto de la edición, lectura
y venta por los católicos de análogas
publicaciones hechas por acatólicos.
Igualmente procurarán
disponer para los acatólicos que deseen conocer
la fe católica, aquellos medios que pueden
servir a tal fin; designarán las personas y los
lugares donde estos acatólicos puedan
presentarse y pedir consejo; proveerán, todavía
con mayor solicitud, para que quienes ya se han
convertido puedan encontrar con facilidad los
medios de instruirse más detallada y más
profundamente en la fe católica; lo mismo harán
para que los convertidos puedan comenzar una
activa vida religiosa, especialmente por medio
de reuniones y asociaciones apropiadas, de
ejercicios espirituales y de otras prácticas de
piedad.
II.‑ En cuanto al método
que ha de seguirse en este trabajo, los mismos
Obispos prescribirán lo que debe hacerse y lo
que debe evitarse, y exigirán que sus
prescripciones sean observadas por todos.
Igualmente vigilarán para que, con el pretexto
de que se debería dar mayor consideración a
aquello que nos une que a aquello que nos separa
de los acatólicos, no se favorezca un peligroso
indiferentismo, especialmente en aquellos que
están poco instruidos en materias teológicas y
practican poco la religión.
Debe, efectivamente, evitarse
que, por un espíritu que hoy llaman «irénico»,
la enseñanza católica (trátese de dogmas o de
verdades en conexión con los dogmas), sea de tal
manera conformada o acomodada a las doctrinas de
los
disidentes (y esto con el
pretexto del estudio comparado y por el vano
deseo de asimilación progresiva de las
diferentes profesiones de fe) que por ello venga
a sufrir la pureza de la doctrina católica y se
obscurezca su sentido genuino y cierto.
Se
debe también evitar aquel modo de expresarse del
que se originan opiniones falsas y esperanzas
falaces que no pueden jamás realizarse, como,
por ejemplo, diciendo que no debe tomarse en
tanta consideración la enseñanza de los Romanos
Pontífices contenida en las Encíclicas,
sobre el retorno de los disidentes a la Iglesia,
sobre la constitución de la Iglesia y sobre el
Cuerpo Místico de Cristo, porque no es todo de
fe, o bien (lo que es mucho peor) porque en
materia de dogmas ni siquiera la Iglesia
Católica posee ya la plenitud de Cristo, sino
que puede ser perfeccionada por otras Iglesias.
Tomarán diligentes precauciones e insistirán en
ellas con firmeza para que al exponer la
historia de la Reforma y de los reformados no se
exageren tanto los defectos de los católicos y
se disimulen, en cambio, de tal modo las culpas
de los reformados, o
no se pongan tan en evidencia los elementos más
bien accidentales, que apenas se perciba y
sienta lo que es más esencial, es decir, la
defección de la fe católica. Finalmente cuidarán
de que, por un celo exagerado y falso o por
imprudencia y excesivo ardor en la acción, no se
dañe más de lo que se sirve a los fines
propuestos.
La doctrina católica
deberá, pues, proponerse y exponerse total
e integralmente;
por
lo tanto, no se podrá pasar en silencio o cubrir
con palabras ambiguas lo que la verdad católica
enseña sobre la verdadera naturaleza y sobre los
medios de justificación, sobre la constitución
de la Iglesia, sobre el Primado de jurisdicción
del Romano Pontífice, sobre la única verdadera
unión que se cumple con el retorno de los
disidentes a la única verdadera Iglesia de
Cristo.
Se podrá, ciertamente, decirles que ellos, al
retornar a la Iglesia, no perderán ninguna parte
del bien que, por la gracia de Dios, ha nacido
hasta ahora en ellos, pero que sólo con su
vuelta este bien será completado y
perfeccionado. Ahora bien, no deberá hablarse de
este tema de un modo tal que ellos vengan a
creer que, con su retorno, traen a la Iglesia un
elemento esencial que habría faltado a ésta
hasta el presente. Estas cosas deben decirse
clara y abiertamente, tanto porque ellos buscan
la verdad, cuanto porque fuera de la verdad
nunca podrá obtenerse unidad verdadera.
I.‑ Es
totalmente necesaria la particular vigilancia y
la dirección de los Ordinarios en lo que toca
a las reuniones y conferencias mixtas de
católicos con acatólicos que en estos últimos
tiempos han comenzado a ser organizadas para
promover la reunión en la fe.
Si, en efecto, por una
parte ellas dan la ocasión deseada de difundir
entre los no católicos el conocimiento de la
doctrina católica, que generalmente no conocen
mucho, por otra parte, llevan fácilmente consigo
para los católicos graves peligros de
indiferentismo. Allí donde se ve surgir una
esperanza de buenos frutos, el Ordinario tome
medidas para que la cosa sea bien dirigida,
designando sacerdotes lo más idóneos que sea
posible para estas reuniones, que sepan exponer
y defender con exactitud y como conviene la
doctrina católica.
Los fieles, por el contrario, no intervengan en
aquellas reuniones sin un especial permiso de la
autoridad eclesiástica; este permiso debe darse
solamente a aquellos que se conoce ser bien
instruidos y fuertes en la fe. Donde, en cambio,
no parezca haber esperanza de buenos resultados,
o existan especiales peligros, se mantendrán
prudentemente alejados los fieles de estas
reuniones, y éstas deberán ser suspendidas a
tiempo, o deberán hacerse terminar poco a poco.
Y como la experiencia enseña que las grandes
reuniones de este género producen pocos frutos y
muchos peligros, no se deben permitir sino
después de muy serio examen.
A los
coloquios entre teólogos católicos y acatólicos,
se deben mandar solamente sacerdotes que, por su
ciencia teológica y por su firme adhesión a los
principios y a las normas establecidas por la
Iglesia en esta materia, hayan dado prueba de
ser verdaderamente aptos para este fin.
IV.‑ Todas estas
conferencias o reuniones, públicas o no
públicas, numerosas o pequeñas, organizadas de
propósito para que, tanto la parte católica como
la acatólica, traten o discutan, sobre un plano
de paridad, cuestiones de fe y de moral,
exponiendo como propia la doctrina de su
confesión, están sometidas a los prescripciones
de la Iglesia, que se recordaron en la
Advertencia «Cum compertum» de esta
Congregación, el 5 de junio de 1948 (A. A. S.,
vol. XL, año 1948, pág. 257). Las reuniones
mixtas no se prohíben absolutamente, pero no
deben celebrarse sin el permiso previo de la
autoridad eclesiástica competente.
No están sometidas a la
Advertencia las instrucciones catequísticas,
aunque se impartan a muchas personas juntamente,
ni tampoco las conferencias en las cuales se
expone la doctrina católica a los acatólicos que
están para convertirse, aunque en esta ocasión
los acatólicos exijan la doctrina de su propia
confesión religiosa para conocer con claridad y
seriamente los puntos en que ella concuerda con
la doctrina católica y aquellos en que difiere
de ella.
La Advertencia
no se refiere
tampoco a las reuniones mixtas de católicos y
acatólicos en que no se trate de fe y de moral,
sino que se discuta del modo cómo, uniendo las
fuerzas propias, se podrán defender los
principios fundamentales del Derecho natural o
de la religión cristiana contra los enemigos de
Dios, hoy unidos apretadamente, o se trate de
restablecer el orden social u otras cuestiones
de este género. Pero tampoco en tales reuniones
es lícito a los católicos aprobar o admitir
doctrinas que estén en desacuerdo con las
verdades reveladas o con las enseñanzas de la
Iglesia, aun cuando éstas se refieran sólo a las
cuestiones sociales.
Respecto de las
conferencias y reuniones locales, que, según
cuanto hasta ahora se ha expuesto, son aceptadas
por la Advertencia, se concede a los
Ordinarios por tres años, que deben contarse
desde el día de la publicación de esta
Instrucción, la facultad de conceder la
necesaria autorización previa de la Santa Sede
solamente con estas condiciones:
1)
Que se evite totalmente la «communicatio in
sacris».
2)
Que las discusiones sean debidamente vigiladas y
dirigidas.
3)
Que al fin de cada año se haga una relación a
esta Suprema Sagrada Congregación, en la que se
diga en qué lugares se han tenido las reuniones
y qué experiencias se han recogido.
En cuanto a las
conversaciones de teólogos, de las que antes
se ha hablado, se concede la misma facultad por
el mismo período de tiempo al Ordinario del
lugar donde se tengan tales conversaciones o
bien al Ordinario que haya sido delegado, de
común acuerdo con otros Ordinarios, para dirigir
esta obra, con las condiciones antes asignadas;
en particular, cada año se deberá dar cuenta a
esta Sagrada Congregación de qué cuestiones han
sido tratadas, quiénes han intervenido en ellas
y quiénes han sido los ponentes por ambas
partes.
En cuanto a las
conferencias y reuniones interdiocesanas, o
nacionales o internacionales, es siempre
necesario el permiso previo y especial, en cada
uno de los casos, de la Santa Sede; en la
petición debe especificarse cuáles serán las
cuestiones y temas que se tratarán y quiénes
serán los futuros ponentes. No es lícito, antes
de que se haya obtenido el permiso, comenzar la
preparación exterior de estas reuniones o
colaborar con los acatólicos que hayan comenzado
tales preparativos.
V.‑ Aunque en todas estas
reuniones y conferencias se debe evitar
cualquier clase de «communicatio in
sacris», no se prohíbe, sin embargo, la
recitación común del Padrenuestro o de una
oración aprobada por la Iglesia católica con la
que dichas reuniones se abran y clausuren.
VI.‑ Aun siendo derecho y
deber de cada Ordinario vigilar, ayudar y
dirigir esta obra en su propia diócesis, será
oportuna y a veces necesaria la colaboración de
más Obispos para constituir organismos u
oficinas encargadas de vigilar, examinar y
dirigir el conjunto de estas actividades. Así,
pues, será deber de los Ordinarios entenderse
entre sí y ver de que forma concreta se puede
alcanzar la uniformidad de acción y obtener una
conexión bien ordenada.
VII.‑
Los superiores religiosos están obligados a
vigilar y a procurar que sus súbditos se
conformen estricta y fielmente a las
prescripciones de la Santa Sede o de los
Ordinarios en esta materia.
Para que esta magnífica
obra de la unión de todos los cristianos
en la única verdadera fe y en la única verdadera
Iglesia resulte cada vez más una parte
notable de la universal cura de las almas, y
para que todo el pueblo católico implore de Dios
más vivamente este retorno a la unidad, será
ciertamente útil que se hagan conocer a los
fieles por los medios oportunos – por ejemplo,
con cartas pastorales – estos problemas y estas
iniciativas, las prescripciones de la Iglesia en
esta materia y las razones que las inspiran.
Todos, pero especialmente los sacerdotes y
religiosos, se deben exhortar e inflamar para
que con sus oraciones y sacrificios se esfuercen
por fecundar y promover esta obra;
a todos se debe recordar que para preparar a los
errantes el camino a la Verdad y a la Iglesia no
hay cosa más eficaz que la fe de los católicos,
comprobada por la pureza de las costumbres.
Dado en Roma, desde el
Palacio del Santo Oficio, el 20 de diciembre de
1949.
+ Francisco, Cardenal
Marchetti ‑ Selvaggiani,
Secretario
Alfredo Ottaviani, asesor.
(El texto latino y la
versión italiana de este documento aparecieron
en el L'Osservatore Romano del 1/3/1950 y
A.A.S. vol. XLII, pág. 142; la versión
castellana está tomada del Anuario PETRUS,
Ed. Atlántida, Madrid, año 1950)
Nota catapúltica: por su
importancia y para contribuir al esclarecimiento
de los católicos confundidos por la marea del
falso ecumenismo, consideramos necesaria la
reproducción integral de las Instrucciones.
Como “carbonero” y creyente de a pie, El
Artillero considera que el Vaticano II significó
una ruptura con la enseñanza tradicional de la
Iglesia, aplicando la sencilla consigna de que
el árbol malo se reconoce por sus frutos .No en
vano Yves Congar,
uno de los jeques de la teología progresista,
afirmó que con el Concilio, la Iglesia había
tenido, pacíficamente,
su Revolución de Octubre.
Por ese “Octubre”,
el decreto sobre el
ecumenismo Unitatis redintegratio omite
toda referencia a las Encíclicas Satis
Cognitum, Mortalium animos y Mystici Corporis
Christi, que, junto a las Instrucciones
,sostienen la sana doctrina sobre la cuestión.
Por ese “Octubre”,
en la UR (Cap.I, 3) se estampa la siguiente
herejía: Los hermanos separados de nosotros
practican también no pocas acciones sagradas de
la religión cristiana, las cuales, de distintos
modos, según la condición de cada Iglesia o
Comunidad* pueden, sin duda ,producir realmente
la vida de la gracia, y hay que considerarlas
aptas para abrir el acceso a la comunión de la
salvación. Por ello, las Iglesias y Comunidades
separadas, aunque creemos que padecen
deficiencias, de ninguna manera están
desprovistas de sentido y valor en el misterio
de la salvación. Porque el Espíritu de Cristo no
rehúsa servirse de ellas como medios de
salvación, cuya virtud deriva de la misma
plenitud de gracia y de verdad que fue confiada
a la Iglesia católica.
El lector debería armarse
de paciencia, leyendo y releyendo las
Instrucciones,,para comprobar de que la Iglesia
nunca se olvidó de quienes se habían apartado de
Ella y que siempre procuró su conversión,
y que no hubiese más que
un solo rebaño y un solo Pastor.
También
puede ser muy conveniente la lectura de la
entrevista a la Dra.
Alice von Hildebrand, (ver Nº 64 de CATAPULTA,
del 17/11/07),cuyo marido, el gran filósofo
Dietrich von Hildebrand,
-Pió XII lo consideraba el
Doctor de la Iglesia en el siglo XX-
le pidió a Pablo VI una
clara y completa condenación de todas las
declaraciones conciliares heréticas.
*
Entiendo que la
Santa
Madre
nunca se refirió a otras “iglesias y
comunidades” y en todo caso,
nunca empleó las mayúsculas,
que implican establecer una paridad entre todas
las religiones. |
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17/05/2008 - UN TEXTO DE MARCEL DE CORTE SOBRE
EL HOMBRE DE DERECHA Y EL HOMBRE DE IZQUIERDA
El
hombre de Derecha es el hombre que acepta la
condición humana.
Correlativamente, cualquiera que no acepte la
condición humana no es de Derecha, aunque él
mismo se considere o no como tal. Es claro y
nítido. Y esto es todo, y podríamos no decir
más, si el espíritu de nuestros contemporáneos
no estuviese atascado por mitos y prejuicios, si
el pensamiento moderno pudiese todavía ver las
realidades a las que nos remite el lenguaje.
Aceptar la condición humana, es consentir a la
doble y única limitación del nacimiento y de la
muerte, y todo lo que ello implica, ni más ni
menos. Este
consentimiento no es el acto de la vida
inconsciente ni tampoco el del espíritu
consciente: en el hombre, la vida sin el
espíritu no es la vida, sino su desecho, y el
espíritu sin la vida no es el espíritu, sino su
caricatura. Lo
propio del hombre maduro es la aceptación total
de la vida y de la muerte, que él no elige.
Nacimiento y desaparición están más allá de su
libertad. Si es lúcido, contempla con una
sonrisa irónica, las contorsiones de los
existencialistas que pretenden “hacerse a sí
mismos”,en una suerte de incesto que Aristófanes,
si escribiese de nuevo “Las nubes”,hubiese
aprovechado para dar uno de sus más efectivos
golpes escénicos. En cuanto a la muerte no puede
elegirla, ya que el suicidio no es un acto que
emane de un hombre en el cual el espíritu y la
vida ya no están unidos, sino de un hombre que
no es más hombre, que ha roto con la vida, que
se hace puro espíritu y que, rompiendo con la
condición humana, no ejerce ya su libertad.
Consentir al nacimiento, es simplemente
consentir a la relación irrevocable que nos une
a una familia dada, a un ambiente dado,
a una civilización dada. Hay allí un
don recibido en depósito que podemos
aceptar, rechazar, mancillar o disipar. El
hombre de Derecha lo toma y lo hace fructificar
en lo más profundo de su alma.
Él se siente radicalmente responsable y
bastante más que eso, en tanto que encargado de
transmitir ese don con la misma liberalidad
que asignaba a su recepción. Es la única
riqueza que considera tal, incorporándola a
su ser total que se confunde con ella,
confundiéndose también él con todos aquellos
que han recibido su parte. Desde este punto de
vista, el hombre de Derecha es infinitamente
más “socialista y comunista” que cualquier
seguidor de Marx, y mucho más rico que todos los
banqueros y grandes empresarios del mundo.
Sustraerse a los imperativos del nacimiento es
el signo infalible de la mentalidad de
Izquierda, como de la plutocracia a la cual esta
íntimamente ligada, porque lo característico de
la riqueza monetaria es sustituir el ser
por el tener.
Escribía sarcásticamente
Anatole France: En todo Estado civilizado, la
riqueza es algo sagrado; en las democracias, es
lo único sagrado”.El hombre de Izquierda,
como el financista, excluye de su campo de
visión todos los valores gratuitos
ligados al nacimiento, y no le importan nada más
que los valores convertibles en cifras y en
estadísticas. Por esa razón, la Finanza ha
sido casi siempre cómplice del socialismo que en
apariencia aborrece. Toda su historia, a lo
largo de estos dos últimos siglos, es la de sus
oposiciones y de sus concesiones mancomunadas al
socialismo. Ella busca obstinadamente un punto
de encuentro con el socialismo porque pertenecen
a las mismas estructuras. Mientras esto no se
comprenda, no se entenderá la política de los
EE.UU. en Europa y en el mundo, que consiste en
sostener contra viento y marea, los gobiernos
socialistas o socializantes, y de invitar a
Rusia la competición para conseguir la
“felicidad”del género humano.
El hombre de
Derecha es incapaz de entrar en este juego
dialéctico. Los valores del nacimiento son par
él valores ontológicos que hacen parte de
su ser. Pretender que los refiera a los
valores económicos, es incitarlo a convertirse
en hombre de izquierda, negándose a sí mismo.
Quizá ningún otro ser humano tenga más respeto
que el hombre de Derecha por los valores
económicos. Pero, para él, ellos está estricta y
rigurosamente subordinados a los valores
del nacimiento, a la familia, a la patria chica
y a la patria grande, a la cultura y a la
civilización, a las cuales su ser está
íntimamente ligado para siempre.
(Une
Definition de la Droite, en Écrits de
Paris, julio-agosto 1964, p.75) |
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31/05/2008 - A PROPÓSITO DE LA EDUCACIÓN SEXUAL
(SEGÚN LA ENSEÑANZA DEL PAPA PÍO XI EN LA
ENCÍCLICA DIVINI ILLIUS MAGISTRI)
49.
Peligroso en sumo grado es, además, ese
naturalismo que en nuestros días invade el campo
educativo en una materia tan delicada como es la
moral y la castidad.
Está muy difundido actualmente el error de
quienes, con una peligrosa pretensión e
indecorosa terminología, fomentan la llamada
educación sexual, pensando falsamente que podrán
inmunizar a los jóvenes contra los peligros de
la carne con medios puramente naturales y sin
ayuda religiosa alguna; acudiendo para ello a
una temeraria, indiscriminada e incluso pública
iniciación e instrucción preventiva en materia
sexual, y, lo que es peor todavía, exponiéndolos
prematuramente a las ocasiones, para
acostumbrarlos, como ellos dicen, y para curtir
su espíritu contra los peligros de la pubertad.
50.
Grave error el de estos
hombres, porque no reconocen la nativa
fragilidad de la naturaleza humana ni la ley de
que habla el Apóstol, contraria a la ley
del espíritu (cf. Rom 7,23), y porque
olvidan una gran lección de la experiencia
diaria, esto es, que en la juventud, más que en
otra edad cualquiera,
los pecados contra la castidad son efecto no
tanto de la ignorancia intelectual cuanto de la
debilidad de una voluntad expuesta a las
ocasiones y no sostenida por los medios de la
gracia divina.
51.
En esta materia tan
delicada, si, atendidas todas las
circunstancias, parece necesaria alguna
instrucción individual, dada oportunamente por
quien ha recibido de Dios la misión educativa y
la gracia de estado, han de observarse todas las
cautelas tradicionales de la educación cristiana,
que el ya citado Antoniano acertadamente
describe con las siguientes palabras:
«Es tan grande nuestra
miseria y nuestra inclinación al pecado, que
muchas veces los mismos consejos que se dan para
remedio del pecado constituyen una ocasión y un
estímulo para cometer este pecado. Es, por
tanto, de suma importancia que, cuando un padre
prudente habla a su hijo de esta materia tan
resbaladiza, esté muy sobre aviso y no descienda
a detallar particularmente los diversos medios
de que se sirve esta hidra infernal para
envenenar una parte tan grande del mundo, a fin
de evitar que, en lugar de apagar este fuego, lo
excite y lo reavive imprudentemente en el
pecho sencillo y tierno del niño. Generalmente
hablando, en la educación de los niños bastará
usar los remedios que al mismo tiempo fomentan
la virtud de la castidad e impiden la entrada
del vicio» *
* (La cita
de Pío XI está
tomada del famoso libro del Cardenal Silvio
Antoniano, Del ´educazione cristiana dei
figliuoli, escrito a instancias de San
Carlos Borromeo. La primera edición es de 1584)
Nota catapúltica: volvemos a
publicar el núcleo de la enseñanza del
Magisterio sobre tan delicadísima cuestión.
Quizás sirva para que los padres católicos se
opongan a la atrocidad que significa la
educación sexual obligatoria, dispuesta por el
régimen de los Kapone. La Divini Illius Magistri
es una Encíclica olvidada, con toda
premeditación y alevosía, por causa de su
antimodernismo. La Iglesia argentina nuevamente
esquiva el bulto y guarda silencio (por lo menos
hasta este sábado por la mañana).Si hubiese una
buena conducción ya se habría pronunciado
oficialmente y en pleno con un texto redactado
de antemano, que tiempo hubo para tenerlo listo.
Pero con Judas B. a la cabeza ¿qué se puede
esperar? Nada bueno por cierto, y esto es casi
un axioma. |
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31/05/2008 - UN TEXTO DE GUSTAVE THIBON: VIDA
CONYUGAL Y SACRIFICIO
Si
para el moralista moderno hay una tarea
trágicamente urgente, es la de recordar a los
hombres la noción de sacrificio. Todos los
fracasos, todas las miserias del matrimonio
proceden del olvido de esa necesidad. No concibo
un matrimonio feliz sin un sacrificio mutuo.
Ninguna paradoja hay en ello. La primera
condición de la felicidad es no buscarla. En
este orden está permitido decir, invirtiendo la
palabra evangélica: no busquéis y encontraréis.
El hombre noble
busca vivir como hombre, el hombre vil trata de
ser feliz. El último busca aquí abajo cosas y
seres en quienes pueda satisfacerse, el primero
busca seres y cosas a quienes inmolarse. No se
toma una esposa, uno se da a ella. Casarse es
quizás la manera más directa, la más exclusiva
de no pertenecerse ya. Chesterton, leyendo un
diario americano donde estaba escrito: “Todo
hombre que se casa debe persuadirse de que
renuncia al cincuenta por ciento de su
independencia”, observaba: “Solamente en el
Nuevo Mundo está permitido semejante optimismo”.
El secreto de la
felicidad conyugal es amar esa dependencia. Al
ser que vive a nuestro lado, debemos amarlo
menos en la medida de lo que nos da cuanto en la
medida de lo que nos cuesta.
La vocación del
matrimonio nos consagra a nuestro cónyuge. La
afirmación va lejos. Da un sentido a todos los
deberes y a todos los colores de la vida en
común. En particular, hace de la felicidad
conyugal, no ya una especie de estéril
sacrificio, sino un acto religioso del más alto
valor humano.
(En Grupo Lionés de Estudios
Médicos, Matrimonio y Medicina, Ediciones
Criterio, Buenos Aires,1954, p.268) |
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12/07/2008 -
UN
TEXTO DE RAFAEL GAMBRA
El sentido de las
cosas tiene dos aspectos, uno espacial y otro
temporal. La “Tierra de los hombres” es
mansión en el espacio y rito en el
tiempo. El hombre construye su albergue en el
espacio, y ese albergue posee límites,
estancias, estructura. Y cada estancia, un
sentido y también un misterio intransferible
.Como cada flor es, en sí misma, la negación de
las demás. Es la mansión histórica, hecha
sustancia de la vida, lo que el hombre ama; no
la construcción teórica, en serie, de la que
sólo se sirve. “Te resultará imposible
amar-leemos en Citadelle-una casa que no
tenga rostro propio y donde los pasos no tengan
su sentido. Había (en el palacio de mi padre)
una sala reservada a los principales embajadores
y que se abría sólo al sol de los grandes días;
había aquellas otras en que se hacía justicia y
aquella donde se llevaba a los muertos; y
aquella, en fin, siempre vacía, cuya utilidad
nunca se conoció, y que quizá no tuviera ninguna
salvo la de enseñar el respeto y el sentido del
misterio y que se nunca se penetra del todo las
cosas…” Este sentido espacial-estructura
humana-de las cosas es producto, ante todo, de
una aceptación; después, de la
continuidad, la costumbre y la tradición.
Aceptación ante
todo de una trascendencia divina y de la
religación a ella en un destino común
Historiadores, geógrafos, economistas , explican
por factores coincidentes o disociados el brotar
histórico de los pueblos o la génesis de las
grandes civilizaciones. Sin embargo, nada
hubiera unido a los árabes ni los hubiera
lanzado sobre el mundo sin la misteriosa acogida
de un mensaje superior que hizo irrumpir
victorioso lo que dormía en la dispersión y la
pasividad. De aquí que nada más inadecuado y
disolvente para toda religión que aplicar el
método analítico racional a sus fundamentos
religadores, haciéndolos abstractos,
universales, intercambiables: este método, que
puede usarse con eficacia en realidades
convencionales y finalistas, como la economía y
la gobernación humana, resulta esencialmente
aniquilador en el hecho religioso, que es, ante
todo, aceptación trascendente, misteriosa, y
después, comunión y fidelidad.
Aceptación,
en segundo término, de un orden existencial en
el cual el medio se hace mansión y el tiempo
adquiere una fisonomía; concreción histórica que
se realiza en la remota y legendaria génesis de
cada pueblo, y que se santifica con el paso de
las generaciones y la memoria sagrada de los que
nos precedieron.
(El silencio de
Dios, prólogo de Gustave Thibon, Editorial
Prensa Española, Madrid, 1968, pp.78-80)
Nota catapúltica:
con particular satisfacción reproduzco una de
las páginas más hermosas de mi maestro
Rafael Gambra,
cuyo libro me ayudó a cambiar muchos puntos de
vista y a ser menos activista.
Citadelle
y Tierra de los hombres son dos libros de
otro maestro: Antoine de Saint-Exupéry, de quien
Rafael fue uno de sus mejores intérpretes en el
mundo hispánico, junto con mi viejo amigo
Bernardino montejano. |
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Proyectiles |
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