FRÉDERIC LE PLAY, SIEMPRE VIGENTE
“Si el vicio original no fuera reprimido en el niño, aumentaría con la edad, viciando todas sus facultades y bien pronto la raza se hundiría en la discordia. Todos los fundadores de los grandes pueblos han comprendido la inminencia de este peligro y han logrado prevenirlo. Aquí también la observación, luego de señalar la generalidad del mal, demuestra la uniformidad del remedio.
En todas partes, en efecto, los pueblos se han fundado y han crecido bajo dos influencias superiores. La primera es la distinción entre el bien y el mal, que fue en los comienzos -y lo es todavía en ciertos pueblos- transmitida por tradición oral y más o menos fijada por las costumbres. Más tarde ha sido formulada por escrito, con muchos matices según los lugares y la lengua. En esencia, es siempre la misma en todas partes y, en cuanto yo pueda juzgar, el Decálogo de Moisés es su expresión más inequívoca. La segunda influencia superior que pesa sobre los hombres para mantenerlos sometidos al Decálogo es el “gobierno”. Su principal objeto es elegir y dirigir a los agentes encargados de estimular el bien y reprimir el mal”.
(La Reforma de la Sociedad-El Trabajo, Buenos Aires, 1957, p.17)
