PEQUEÑO APUNTE DEL DÍA

57 AÑOS PASARON…

Cuando Perón, asesorado por ministros masones, desató la persecución contra la Iglesia -el peor de sus errores políticos- no tuvo cuenta la capacidad de resistencia de los católicos, entre los cuales hubo más de un peronista. Sin ella, la Revolución Libertadora, cuyos generosos propósitos iniciales -“Ni vencedores ni vencidos” fue la consigna del gran Lonardi- fueron liquidados por el gorilismo ciego y jacobino.

Pero la persecución fue moco de pavo frente a la que el catolicismo sufre hoy. Por empezar, duró poco: desde noviembre de 1954 hasta septiembre de 1977 y fue más espectacular y grotesca que perversa y sibilina: ley de divorcio, supresión de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas, expulsión de los monseñores Tato y Novoa y casi paremos de contar.

La violencia sólo se manifestó con la quema de las iglesias, explicable por los insensatos bombardeos de la aviación naval. El honor militar de los sublevados se salvó por la Infantería de Marina, que combatió a campo abierto con su acostumbrado arrojo, conducida por el noble Capitán Argerich. Por su parte, los valientes comandos católicos debían tomar la Casa de Gobierno ¡con armas de puño, algunas del tiempo de la nana¡ (Mi padre y dos de sus hermanos estaban entre esos temerarios, en el grupo de mi tío Mario Amadeo)

¿Quedará algo, al menos en espíritu, de aquellos infantes y de aquellos católicos? ¿Volveremos a tener jefes como Argerich, obispos como Monseñor Di Pasquo y sacerdotes como Rodolfo Carboni y Julio Meinvielle, por citar solamente a los que  me vienen a la memoria?

Dios quiera que sí.

(Escrito en la mañana del sábado 16)

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