SOBRE LAS DEMOCRACIAS DE PARTIDO
En mis vacaciones leí de un tirón “La representación política” del maestro paulista José Pedro Galvao de Sousa, que el buen amigo Miguel Ayuso ha tenido la excelente idea de reeditar y la gentileza de enviármelo.
De los numerosos párrafos que merecen ser citados, selecciono éste, porque se aproxima bastante a nuestra situación, y a lo que podría pasar en un futuro no muy lejano:
“De hecho, el partido único es el aboutissement (culminación)natural del régimen de partidos, como percibió con notable agudeza Simone Weil. En efecto, cada partido se considera señor de la verdad política, viendo en su programa la salvación social. Los tintes ideológicos de tales programas acentúan una coloración mesiánica en los mismos, especialmente cuando se trata de ideologías radicales. En estos casos, los antagonismos partidarios representan la oposición amigo-enemigo-criterio fundamental de Carl Schmitt para la caracterización de lo “político”-, no sólo por verse en el adversario un enemigo del propio partido, sino porque se pasa a considerarlo un enemigo de la comunidad nacional, que debe ser proscrito para que sea asegurado el destino histórico de la comunidad. El partido tiende a ser intolerante, y en las democracias de partido se da una suerte de institucionalización de la guerra civil. Esto por no hablar de los partidos cuando son meros ayuntamientos de intereses personales en los políticos, en la lucha por la conquista del poder”.
(Marcial Pons Ediciones Jurídicas y Sociales, Madrid, 2011,pp.72-73)
Nota catapúltica: Lamento no agregar una imagen del Dr. Galvao de Sousa, a quien tuve el gusto de tratar en Buenos Aires. En la reunión, le saqué todo el jugo que pude, a Dios gracias.
