
Eduardo de la Serna
Argentina: Mensaje de Navidad 2008
Fin de año es -habitualmente- tiempo de balance, evaluación. Tiempo de revisar y de mirar a la cara nuestra vida. Comienzo de año, también habitualmente, es tiempo de proyectos, deseos, sueños. Precisamente porque la noche da comienzo al día, se vuelve bisagra entre unos y otros, se transforma en tiempo señalado. No es cualquier noche, es fin y comienzo.
Algo semejante se aproxima con la celebración del bicentenario. Un tiempo culmina, un tiempo comienza.
También estamos celebrando los 25 años del retorno a la democracia después de los tristes, violentos e injustos años de la dictadura militar del ‘76. (Única culpable de la violencia: la Junta Militar. ¿Es que Montoneros, ERP y demás serían cristianos con vocación de mártires?) La continuidad democrática de nuestras instituciones es un bien no negociable que debemos defender. (¡Salve, diosa Democacaracia!) Pero eso no significa que no debamos corregir los mecanismos de una democracia que todavía no significa igualdad distributiva, que todavía no cura a todos, no educa a todos, no da trabajo a todos, no impide la muerte por desnutrición de nuestros chicos. Nuestra democracia debe madurar como instrumento de justicia, participación y dignidad. (¿No estará pasada de madura y en pleno estado de putrefacción?).
Muchos hacen y harán evaluaciones por el tiempo pasado y esbozarán proyectos por el tiempo futuro. Seguramente nosotros también diremos algo en los próximos meses, pero quisiéramos decir algo sobre este año que hemos vivido y el año por venir.
El año que estamos concluyendo fue un año difícil, marcado en muchas cosas por la crisis: crisis con las entidades patronales agro-ganaderas, (No existen las “patronales” ganaderas. Eso le habrá soplado Verbitsky a su gran amigo el cura Eduardo de la Serna, cabecilla del grupo y uno de los redactores del mensaje**) crisis con las instituciones políticas, crisis financiera internacional. Y toda crisis es dolorosa, pero a su vez es desafío. Es desafío en la medida en que emerja un proyecto.
Y el proyecto que queremos hacer nuestro es la Navidad. La Navidad es un rumbo que Dios propone a la humanidad, un rumbo de cercanía, un rumbo de fragilidad, un rumbo que señala el “lugar” donde queremos estar. (La Navidad no es “proyecto” ni “rumbo” temporal apto para ser instrumentado por la dialéctica marxista de la lucha de clases, a desarrollarse en algún “lugar”. Es nada menos ni nada más que un hecho histórico inscripto en los insondables designios de Dios).
En una sociedad que se expresa con las categorías del poder y la violencia, Dios nos propone la fragilidad y la debilidad como camino; (Cuando hablan de la fragilidad y la debilidad, ¿se referirán a Camilo Torres e Ignacio Ellacuría, despiadado asesino el primero y jefe de guerrilleros el segundo?)
En una sociedad que se impone desde el machismo, el autoritarismo y la jerarquía, Dios nos propone la universalidad, el servicio y la vida de hermanos y hermanas como sistema alternativo;
En una sociedad que propone el éxito y el triunfo como plenitud humana, Dios nos muestra la pobreza, el exilio y los márgenes como “lugar” para que se expanda la vida para todos/as.
Como curas, queremos hacernos presentes en esta Navidad, para que la Navidad sea proyecto para el año que comienza. No lo queremos hacer “desde arriba” como una Iglesia que se siente perseguida por un mundo que reclama la justa “autonomía de lo temporal”; no lo queremos hacer desde la actitud soberbia de “poseedores de la verdad”; no lo queremos hacer desde el temor a la intemperie y mirando a “los demás” como enemigos o agresores.
Simplemente creemos que tenemos una Buena Noticia que no queremos callar, y que es buena noticia “para todo el pueblo”: desde la pequeñez y la fragilidad, los márgenes y las víctimas, Dios tiene una palabra para la historia de la que nos queremos hacer eco. Una Buena Noticia que es para los pobres, los marginados, los excluidos. Y con ellos y desde ellos queremos que la Navidad sea un camino posible para todos y todas. Un camino que Dios señala haciéndose cercano, haciéndose Buena Noticia.
Curas en Opción por los Pobres, Navidad 2008
* http://www.curasopp.com.ar
Nota catapúltica
Sobre la filiación del cura de la Serna, va este botón de muestra:
Hace unos meses la sociedad –incentivada por los medios- nos inundó con el “caso Blumberg”, y los argentinos se conmovieron por el caso, viendo un padre destruido, y la crueldad de unos “animales”. Todos los medios nos inundaron con el tema, ¡no sólo los explícitamente de derecha!
Después de un paréntesis donde “nada pasó”, los medios nos inundaron con otro caso sanisidrense. Ahora, una madre llena de dolor hablaba “de rodillas”, lloraba en cámaras, y celebraba misas. Su caso terminó mejor que el de Blumberg, porque su hijo fue devuelto vivo, pero ahora, la nueva licenciada en dolor, una vez más, se creyó experta en poderes de la república. En su carta al presidente, difundida hoy, le pregunta qué haría si el secuestrado fuera su hijo. Afortunadamente, los encargados de hacer las leyes (dejando de lado a los corruptos e inoperantes, que los hay), suelen ser personas con la cabeza fría, para guiarse con la mente serena y sentido jurídico. Lo mismo podría decir una madre de hijo asesinado en robo, de una hija violada, de vendedores de órganos, de prostitución infantil, entre otros casos. Si los padres de las víctimas hicieran las leyes, salvando los meritorios ejemplos de algunos, como las madres y abuelas de Plaza de Mayo que jamás han pedido venganza sino justicia, las leyes de la república se transformarían en una ley de la jungla donde –como siempre- ganarían los fuertes, los impunes, los poderosos.
www.diariomardeajo.com.ar/padre_eduardo_de_la_serna_opina_.htm